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Premios Oscar 2015 (à traduire)


Una vitrina de realidades apremiantes  
Las guerras, la enfermedad, el racismo y el acoso a las diferencias, centraron la temática de las películas nominadas para los premios Oscar de este año, trayéndonos ecos de temas cuya urgencia se hace más apremiante hoy, con el incremento de las intolerancias a nivel global. Una realidad previsible, dado el empobrecimiento creciente de las naciones menos favorecidas, y el aumento de la desigualdad socioeconómica que concentra, en el uno por ciento de la población mundial, mayor riqueza, que en el noventa y nueve por ciento restante.
En este sentido, "American Sniper" y "Boyhood" se constituyeron en una apología a los valores familiares, desde producciones marcadas por la representación monolítica de la familia tradicional, indispensable para garantizar tanto el flujo de jóvenes dispuestos a pelear las guerras norteamericanas, como el contingente de trabajadores explotados por el sistema corporativo mundial que maneja, controla e impone.
La película de Clint Eastwood, conocido por su ambigüedad a la hora de definirse políticamente, está basada en la figura de un conocido francotirador, y quizás por ello no ahondó en la crítica al sistema, sino justificó más bien la violencia contra la población civil iraquí. Una población que se constituye en "collateral damage" o víctimas circunstanciales, en el entramado de unas guerras sin esperanza de fin, producto fundamentalmente de las propias políticas imperialistas de los países ricos. Pareciera que decir "lo siento" o acudir al despliegue mediático donde se documenta el terror, fueran suficiente para lavarse las culpas. Lo que Susan Sontag, refiriéndose a las torturas en Abu Ghraib, definió como el acto de focalizar el arrepentimiento en el daño causado por tales hechos a la supuesta superioridad moral norteamericana.
"American Sniper" no mantiene una actitud imparcial y crítica, a fin de desentrañar los pormenores de los enfrentamientos, sino más bien repasa el daño sobre dicha superioridad moral, centrándose en Chris Kyle, cual mártir y "héroe" real, por haber matado a más de doscientos "subversivos" y quien, paradójicamente, fue asesinado por un compañero de armas. No es de extrañar entonces que la película haya roto records de taquilla en la América profunda, donde el manipulado y manido concepto de "patriotismo" ha sido llevado al kitsch por una población, en su mayoría blanca y de escasa formación, que alimenta la xenofobia, el racismo y la homofobia dentro de los Estados Unidos, siendo, justamente, del interior de sus propias disfuncionalidades de donde surge lo peor de esta cultura.
Tal es entonces el material con el cual contó el director para armar la diégesis de una producción, que sin embargo no convenció y solo obtuvo la estatuilla por mejor sonido. Una "injusticia" que la prensa destacó, al señalar la brecha entre el público mayoritario y la Academia de Hollywood; cual si el número de millones recaudados fuera el mejor barómetro para otorgar los premios. De hecho, un  film como "The Hurt Locker" de Kathryn Bigelow, que obtuvo el galardón a la mejor película y mejor dirección en 2010, mostró con mayor ecuanimidad y tino, los temas que "American Sniper" abordó desde los estereotipos y el sentimentalismo gratuito.
"Boyhood", por su parte, documenta la banalidad de la existencia de esos mismos contingentes, haciendo un seguimiento durante doce años del niño Manson (Ellar Coltrane), con Ethan Hawke y Patricia Arquette (Oscar a la mejor actriz secundaria) como sus padres. Lo inusual de la película reside en ver a los actores cambiar físicamente en el tiempo que dura el film, si bien no existe un propósito más allá de esa documentación. En tal sentido, documentales como "Seven UP!"  (1964-hoy) o series de televisión como "Cuéntame cómo pasó" (2001-hoy) resultan más sugerentes, pues nos permiten ubicar a sus protagonistas en el contexto sociocultural e histórico, además de poner en perspectiva la época que les ha tocado vivir desde un punto de vista mucho más crítico.
La producción de Richard Linklater explotó la voracidad actual por registrar, frente a la cámara casera, los pormenores de la cotidianeidad y colgarlos en las redes sociales. El film funciona entonces como un "reality show", puesto a subrayar episodios de la cronología de Manson y su familia, pero no profundiza en la psicología de ninguno de los caracteres. De hecho, poco sabemos de ellos finalmente, pese a haberlos seguido, por doce años, las dos horas y media que dura la película. Algo que el director mismo reconoció, al señalar en una entrevista que "para mí la vida es lo que ocurre entre los grandes momentos de la existencia. Esta película es, sobre todo, acerca de la vida en el presente".
La ausencia de argumento y lo predecible y reiterativo de las existencias de los personajes, dentro y fuera de la casa, diluyeron, no obstante, lo que de original pudo tener la propuesta, de un director más conocido por los proyectos de animación y las comedias ligeras, en detrimento de sus documentales de mayor densidad como "$5.15/hr." (2003) y "Fast Food Nation" (2006). El hecho de incluir a su propia hija (Lorelei Linklater), en el papel de la hermana de Manson, agudizó la sensación de encontrarnos frente al teléfono inteligente o la computadora, escaneando los insustanciales momentos privados de quienes pululan por el ciberespacio.
"Whiplash" de Damien Chazelle, centró la carrera hacia el éxito y la competencia para ser el mejor, como premisa fundamental en la sociedad norteamericana. Aquí Andrew Neyman (Miles Teller) sueña con ser el mejor baterista del conservatorio, empujado por un sádico instructor interpretado por J.K. Simmons (Oscar al mejor actor secundario). Las dinámicas de poder y sometimiento que se establecen entre los protagonistas, movilizaron la diégesis y tiñeron, con el sudor y la sangre de los músicos, la cinematografía. Una cinematografía que privilegió los espacios cerrados, la luz artificial y los colores cálidos, bajo cuyos reflejos la banda del conservatorio ensaya y sufre los abusos verbales y físicos del instructor.
Los juegos de plano-contraplano entre Neyman y el instructor, donde se enfrentan el deseo de superarse con la violencia de una figura muy común en el cine de acción, cual es el cruel entrenador deportivo o el violento sargento del pelotón, resultaron ser lo más poderoso del film. Todo ello puntuado por las escenas, hasta cierto punto gratuitas por su falta de conexión con la idea central, donde Neyman corteja a una joven, a quien finalmente dejará por sus tambores, o asiste al cine con el padre, más ausente que presente en el devenir de este artista cuyo único objetivo es su instrumento. El hecho de que la película abra y cierre con Neyman frente a su herramienta de amor y tortura, imprimió un ritmo circular a la producción, enclaustrando alegóricamente al personaje en un espacio donde nada tiene cabida más allá de sí mismo.
Esta autocomplacencia y egotismo, propios de una sociedad tan individualista como la norteamericana, se crece en "Foxcatcher", dirigida por Benett Miller. En ella la figura del "tycoon" o multimillonario solitario y obsesivo, explorada por Hollywood desde "Citizen Kane" de Orson Welles a "There Will Be Blood" de Paul Thomas Anderson, se puso al servicio del deporte, espejeando, en su comportamiento, la interpretada por J. K. Simmons en "Whiplash".
El film está basado en la historia real de John du Pont (Steve Carrell. Nominado como mejor actor), quien construyó, en los años ochenta, un gimnasio para entrenar a luchadores de peso pesado y, sobre todo, para liberar la paranoia y violencia internas que los desajustes familiares le habían causado en la niñez. El joven prospecto de luchador Mark Schultz (Channing Tatum), igualmente inestable y neurótico, será el perfecto interlocutor para que los egos choquen y los conflictos estallen. Unos conflictos que, sin embargo, solo quedan en la superficie del sentido, pues Miller tampoco ahondó en los pormenores del desgaste: únicamente lo más obvio aparece en pantalla, restándole solidez al argumento y dejando al espectador indiferente, siguiendo los pormenores de las peleas tanto dentro como fuera del ring.
Otras luchas mucho más complejas y atávicas, en el engranaje de la cultura norteamericana, fueron poderosamente enfrentadas por "Selma", dirigida por Ava DuVernay (primera mujer afroamericana cuya película ha sido nominada para los Oscar). La brutal represión contra la marcha pacífica, desde Selma hasta Montgomery, liderada por Martin Luther King en 1965, a fin de que el presidente Lyndon B. Johnson firmara el decreto que permitiera a la población negra votar, imantó la diégesis, constituyéndose además en bandera para rechazar la violencia racial reciente. Una violencia que se ha cobrado ya varias vidas de jóvenes de color, y está fundamentalmente protagonizada por las fuerzas policiales, en su afán de constreñir la disidencia contra el sistema; especialmente de las minorías.
El estado de Alabama, donde tuvieron lugar los hechos, es el lugar donde, 50 años después, se vuelven a revivir, al tiempo que nos permiten revisitar los cambios, o no, en la percepción de la población negra dentro del país. Y aquí es necesario apuntar que, actualmente, más de la mitad de los presos que pueblan las cárceles son de color, lo cual nos indica cuánto largo es aún el camino que queda por andar, antes de que exista igualdad racial en los Estados Unidos. De hecho, los índices de pobreza, analfabetismo, desempleo, enfermedad y crimen dentro del grupo, tampoco han disminuido desde aquella histórica confrontación, abriendo un espacio más para la reflexión y la protesta.
Ello es lo que, en última instancia ha pretendido "Selma", apoyada por actores, directores, políticos y celebridades, a fin de que las voces se alcen y sean finalmente escuchadas. Si bien el film solo obtuvo la estatuilla a la mejor canción original, su importancia seguirá resonando en el imaginario norteamericano, pues cuenta con los elementos indispensables para ello: excelentes actuaciones, una cuidada producción, fiel ambientación y, especialmente, imparcialidad y mesura, a la hora de llevar a la ficción la realidad histórica.
"Mi película es acerca de la diversidad, la inclusión y la representación", señaló la directora, abriendo una ventana a la discusión y la reflexión, a la luz de muertes de jóvenes desarmados por parte de la policía, como Tryvon Martin y Michael Brown, que han vuelto a llenar las calles de odio y violencia, cual si el tiempo no hubiera pasado, y el país siguiera congelado en el tiempo cuando ocurrió "Selma".
Las intransigencias del poder y el acoso a las minorías constituyen también el núcleo de "The Imitation Game" de Morten Tyldum, basado en la biografía de Alan Turing (Benedict Cumberbatch), el matemático inglés que desentrañó el código nazi Enigma y es considerado el padre de la computación moderna. La película sigue los altibajos de Turing y su equipo, a lo largo del lapso que les costó entender Enigma, puntuados por la presión del buró de inteligencia militar británico sobre el protagonista y el abuso psicológico sufrido por su condición homosexual, criminalizada entonces en Inglaterra. Flashbacks a la infancia y los años de la guerra, se combinan con el presente del científico, cuando fue hostigado y obligado a seguir un tratamiento de castración química que acabó llevándole al suicidio.
El guión adaptado de Graham Moore, quien obtuvo el Oscar y, en su discurso de aceptación, reconoció que también había querido suicidarse en su adolescencia por ser homosexual, supeditó el drama personal de Turing a su obsesión por descodificar Enigma, y a la carrera del equipo del científico hacia el triunfo, a fin de salvar millones de vidas y acortar los años de guerra. Ello dejó en blanco, sin embargo, muchos aspectos de la biografía del protagonista, que el espectador debió llenar con sus propias percepciones de los eventos políticos e íntimos sobre los que se sustenta el texto de Moore.
La detallada producción y elaborada fotografía, características del cine de época británico, contribuyeron a revivir con gran precisión un período turbulento en la historia occidental, además de reavivar el diálogo en torno al importante papel de las minorías sexuales en la historia universal, pese al acorralamiento del cual siguen siendo víctimas, cuando no hay nada que justificar ni nada que perdonar en su manera de ser y de vivir. En palabras del director: "quise revelar que el ser gay no definió quién era él. Para mí Alan Turing es, primero, un genio y uno de los más importantes pensadores de nuestra era y, después, un hombre gay que fue erróneamente perseguido y juzgado por ello".
Otro científico británico perseguido y apresado, pero en un cuerpo enfermo, es el conocido astrofísico Stephen Hawking. Sus inicios y juventud han quedado consignados en "The Theory of Everything" de James Marsh. Eddie Redmayne, quien obtuvo la estatuilla como mejor actor, le ha dado vida en pantalla, estableciendo una intensa inmediatez con el espectador, e imbuyéndolo en la mente y la existencia de quien, con sus teorías sobre el tiempo, ha salido del laboratorio y llegado a un público mayoritario que lee sus libros, escucha sus entrevistas y sigue sus intervenciones en la televisión y la prensa internacional.
El avance de la enfermedad neurofisiológica que lo ha ido paralizando sirve de telón de fondo para realzar sus hipótesis y adentrarse en la vida personal de Hawking, basándose en el libro de su esposa Jane (Felicity Jones. Nominada como mejor actriz). Por ello son los obstáculos que la pareja debe superar a fin de seguir adelante, lo que motorizó la diégesis y sirvió de sustrato a la evolución de Hawking como científico y ser humano. El uso de los primeros planos para focalizar al protagonista, y del plano-contraplano para puntuar la dinámica de pareja, subrayaron la importancia de Jane en la creación de un ambiente favorable, donde Hawking pudiera enriquecerse y enriquecer el universo que nos rodea.
Pero ha sido "Birdman" (Oscar a la mejor película) de Alejandro González Iñárritu (Oscar a la mejor dirección) el film que con mayor precisión ha balanceado lo personal y lo universal. Ello, dada la intensa actuación de Michael Keaton (Riggan Thomson), quien fue nominado como mejor actor, y el ágil trabajo de cámara; en especial la cámara subjetiva. Ya desde la primera escena, el ojo del espectador seguirá a Thomson, por los camerinos y el laberinto de pasillos del teatro donde dirige y protagoniza la obra, dable de llevarlo a desarrollar un potencial como actor, que su papel de superhéroe no logró nunca, frustrándolo y encasillándolo en el panteón de los príncipes del cómic.
Y es que, en el guion original de Iñárritu, también premiado con la dorada estatuilla, transpira parte de la biografía del mismo Keaton, recordado fundamentalmente por su interpretación de "Batman" en las producciones de Tim Burton. Ello, agudizó la sensación de fracaso del protagonista, quien no logra escapar a su papel de hombre pájaro, persiguiéndolo y asediándolo hasta llevarlo a la autodestrucción.
La inclusión de escenas de acción, puestas a espejear aquellas películas del superhéroe, contribuyó a penetrar en lo tragicómico de Keaton y Thomson, superponiéndolos en el imaginario del público hasta borrar las fronteras entre realidad y ficción. El narcisismo, la inseguridad, el miedo al fracaso, el terror escénico, la inadecuación como esposo y padre del personaje, se arremolinaron en un crescendo hasta el clímax final, quedando abierto un espacio para la condena o la redención de ambos, según el ojo de quien los mire.
Un amplio lugar para el divertimento y la fiesta de los sentidos lo ha constituido "The Grand Budapest Hotel" de Wes Anderson. Combinando espléndidamente realidad y fantasía, este director creó un ingenioso universo, al interior de un gigantesco hotel sobreviviente a la decadencia y las destrucciones de la postguerra europea. Con magia y humor, Anderson revivió el ambiente cosmopolita de los grandes paradores intercontinentales anteriores a las dos guerras mundiales, por donde millonarios, aventureros, viudas alegres y jóvenes herederos circulaban incansablemente.
Premios Oscar a la mejor dirección de arte, vestuario, maquillaje y banda sonora refrendaron el poder del film para recrear la grandiosidad, no solo de una era, sino de una manera de hacer cine, espejeando las producciones de los años treinta como "Grand Hotel" de Edmund Goulding y "A Night at the Opera" de Sam Woods. De hecho, el film recobra la nostalgia por los grandes gestos y gestas del pasado, donde el glamour servía de escapismo a los difíciles años de la Gran Depresión, que en nuestra contemporaneidad se han volcado hacia el terrorismo y las guerras étnicas.
Todo ello operó entonces como un espacio cerrado a la realidad exterior, donde el director, los actores y el equipo de producción mostraron un universo ideal, dentro del cual plasmaron su particular visión de la existencia. Según el mismo Anderson: "generalmente siendo la necesidad de inventar un mundo para que así los caracteres puedan vivir en las películas que hago". Una certeza, puesta a devolvernos la confianza en el cine, como arte y pasión por la vida que desde él se proyecta.

Alejandro Varderi
Birdman
The grand Budapest hotel
The theory of everything
 





 

 

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