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Intruders (Juan Carlos Fresnadillo, 2011)

La proyección de 'Intruders' tuvo lugar en el Auditori, que acogió a un numeroso público dispuesto a dejarse seducir por esta fábula inquietante que, en palabras del director Juan Carlos Fresnadillo, "trata de los preliminares del terror, de los primeros instintos de supervivencia ante lo desconocido, de las reacciones primarias del miedo infantil". 'Intruders', que ya había desfilado por el Festival de San Sebastián, cuenta con el guión de Nicolás Casariego y un reparto intencionadamente internacional y de países muy dispares: Clive Owen, Carice Van Houten, Daniel Brühl, Kerry Fox, Ella Purnell, Pilar López de Ayala y Héctor Alterio.

Aquellas malditas pesadillas infantiles

Juan Carlos Fresnadillo es uno de los realizadores más interesantes del panorama cinematográfico español. Su ascenso es imparable, a pesar de haber tardado 6 años en estrenar su segunda película, 28 Semanas Después, respecto a su ópera prima, Intacto. Afincado en Hollywood, preparando un proyecto apadrinado por el mismísimo Spielberg (Wednesday) y a la espera de adaptar el popular videojuego Bioshock, con un presupuesto que sobrepasará los 150 millones de dólares.
Intruders nos habla de temores infantiles reales e irreales, del miedo a crecer, a la responsabilidad, a la madurez y, sobre todo, del miedo a estar solo. Del terror más mundano que existe, como es la oscuridad, hasta el pánico a la familia. Ese es el punto fuerte de la película, conseguir reunir al mayor grupo de espectadores en torno a un lenguaje universal como son las pesadillas de la infancia. El libreto nos presenta un interesante debate secundario poco explotado en la sempiterna batalla entre ciencia y religión. En este caso, Iglesia y psicología compiten por solucionar las pesadillas infantiles de los protagonistas sin conocer la existencia el uno del otro, por lo tanto, sin presión añadida y con vía libre para demostrar su propia fiabilidad. Lamentablemente, esta trama se pierde poco a poco en el metraje siendo absorbida por el tema principal.
Es una lástima que una idea interesante se eche a perder por la poca sutileza con la que se emplea la elipsis, redundancia explicativa y un final que, a pesar de poseer una carga dramática emocional elevada, se nos presenta demasiado típico para una historia que ha querido jugar desde el principio con nuevas reglas sin darse cuenta que, poco a poco, ha ido transcribiendo las mismas de un género que tiende a ser indirectamente dictatorial.

Post-screening Intruders

Tras el visionado asistimos a un más que interesante y recomendable post-screening donde director y guionista develaron las claves de su película.
Nicolás Casariego explicó que la trama gira en torno a los traumas familiares y que conecta lo real y cotidiano con lo irreal. Añadió que la intención que perseguían mostrando un monstruo llamado Carahueca (por su forma sin cara) era la de que cada persona pudiese rellenarlo con sus propios miedos, ya que es algo muy subjetivo: 'Cada persona podría rellenarlo de un modo, pero siempre es la parte real la que rellena a la parte irreal, el origen de ese miedo concreto; y yendo más allá había una búsqueda de sugestión en el espectador, si más no, una manera adulta de intentarlo'. Otro de los temas a los que hizo alusión el responsable del libreto es el hecho de recuperar de algún modo a través de la película los cuentos como se entendían antaño, recuperar el clasicismo en contraposición a los cuentos actuales: 'Hoy en día los cuentos van con mucho cuidado, antes eran realmente duros y aleccionadores.' Nos confesó también, que el tratamiento familiar se planteó como una enfermedad hereditaria ya que muchas veces los miedos y supersticiones pasan de padres a hijos y que la elección de la edad de la protagonista pre-adolescente reforzaba la idea de inestabilidad, 'porque a esas edades se sufren muchos cambios físicos y emocionales'. En cuanto a las actrices, Nicolás reconoció que ni Pilar ni Carice eran elecciones obvias pero que ambas están impresionantes: 'Pilar es una actriz que con la mirada es capaz de transmitirlo todo'.
Juan Carlos Fresnadillo, por su parte, argumentó que el film pretende poner el acento en la antesala del terror, en los preliminares, en el instinto de supervivencia del miedo más primario: 'El miedo conecta con el misterio. Es como cuando inicias un recorrido por el pasillo de casa y sientes miedo. Las posibilidades reales son infinitas, pero hasta que no se da la que es real, no podemos hablar de terror sino de miedo y es ahí donde hay una búsqueda de la verdad, de lo que realmente está pasando. Las cosas que quedan pendientes en la infancia se vuelven traumáticas en la edad adulta. Todo debe resolverse.'  Confiesa también que la visualización del monstruo al principio de la película fue una búsqueda implícita porque no tiene rostro y que eso ya es una declaración de intenciones sobre su identidad. Nos habló del modo de narrar en la película: 'No dejamos de estar ante un cuento que ilustra de un modo popular el germen del miedo en la infancia, el miedo a lo desconocido. Y eso lo he tratado de explicar con un lenguaje internacional, para el gran público, pero desde mi país lo doto de personalidad propia. Es por ello que alterno y combino proyectos dentro y fuera de España, es la única manera de crecer y dar lo mejor de ti. Estar abierto a probar nuevas cosas. Desde siempre los cineastas europeos hemos estado abiertos a Hollywood; allí quieren productos nuevos, personales, talentos más allá de su industria.'
Ante la pregunta de un asistente sobre si hay algo biográfico en la película, Juan Carlos contestó contundente: 'Sí, quería hacer una peli personal, pero me fui dando cuenta posteriormente al ir trabajando con Nico, día a día, que fueron apareciendo viejos fantasmas y ahí es donde empiezas a descubrirte a ti mismo. Personalmente creo que si los fantasmas no se paran a tiempo evolucionan a peor. Pasan de ser algo mental a poder golpear, crecer, fortalecerse.'
Por último hizo alusión a las múltiples nacionalidades de los actores: España, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y Holanda, y el valor que eso tenía para recrear un puzzle poliédrico con una perspectiva global: 'Un caldo de cultivo con actores de diferentes países que potencia la idea de que el miedo es igual para todos.'

Kill me please (Olias Barco, 2010)
Cita obligatoria con el suicidio

El punto de partida del que despega esta interesante cinta franco-belga gira en torno al eterno debate sobre la eutanasia; sin embargo, su realizador Olias Barco tiene el tino de situarla lejos de discursos moralistas, complejos y castraciones. La libertad visual y narrativa que utiliza para componer esta sátira y el novedoso punto de vista dan la oportunidad al espectador de ir enamorándose tras la sorpresa inicial, ubicándose en aquel agujerito subjetivo en el que cada uno se sienta más cómodo a mirar, más seguro, más predispuesto. El realizador se me antoja inteligente en cuanto al tratamiento del contenido y valiente, novedoso y fresco en la forma. Elementos como la cámara en mano, la fotografía en blanco y negro y el formato sucio por el grano alumbran fotografías vivientes de otra época, que potencian la premisa. Destila también cierto aroma a nouvelle vague en sus encuadres, cercanos al arte y ensayo bien ponderados, por suerte, con tics a lo Benny Hill, y referentes tales como: 'Alguien voló sobre el nido del cuco', 'El malvado Zaroff' o 'Le gran buffé'.
Un pionero doctor llamado Kruger (Aurélien Recoing) que dirige una clínica de suicidios asistidos hechos a medida, gusto y capricho del consumidor, llena de personajes estrambóticos, grotescos, desoladores y narcisistas, es el eje sobre el que gira la historia. Dicho Dr., subvencionado por el estado y repudiado por la población, está dispuesto a normalizar el suicidio reivindicando la libertad personal de dicha elección. Semejante circo cómico e hilarante, va desde el humor más negro hasta el surrealismo absoluto, transitando por paisajes con efímeras gotas de drama y terror. Un reparto a la altura que luce en solitario y en orquesta, donde destaca el prolífico Benoît Poelvoorde durante la apertura.
Este notable film encuentra su punto de ebullición cuando la monacal vida de la clínica se trunca por un inesperado ataque detractor. El crescendo de violencia al que arroja a personajes y espectadores es una magistral elección de guión. Poner patas arriba el mundo hasta ahora construido es un riesgo que Olias Barco, Virgile Bramly, y Stéphane Malandrin (el trío de guionistas) sin duda querían correr a sabiendas de lo que hacían. La locura fluye de manera tan natural que nada chirría en una cinta valiente, ocurrente, ácida, divertida y políticamente incorrecta. Un auténtico caos a mandíbula batiente que más bien retrata con ingenio la importancia de vivir dignamente, porque una cosa es morir a lo esnob por voluntad frívola y propia, y otra que te maten como a una pobre rata sin haberlo solicitado previo pago. Y es que verse en esa situación activa el instinto de supervivencia... ¡y de qué manera!

Verbo (Eduardo Chapero-Jackson, 2011)
No Comment entre Verbo y el Mundo

Eduardo Chapero-Jackson debuta en el largo siendo uno de los cortometrajistas más aclamados del país con una historia arriesgada sobre graffiteros, raperos y una adolescente suicida englobada en el marco de la Ciencia-Ficción. El comienzo de su carrera como director de cine ha suscitado mucha expectación entre sus fieles seguidores y al mismo tiempo le ha añadido una presión brutal que será difícil de torear, como así lo demuestran las primeras críticas recibidas. El problema es que España es un país con poca o nula tradición de creadores de Sci-Fi, de ahí que la comparación del espectador medio con cualquier producto manufacturado de Hollywood sea inevitable. Igualmente, no sale mal parado de la situación, ya que suple la falta de un gran presupuesto (aunque 2,5 millones en España es un presupuesto más que considerable) con una imaginación desbordante y un poderío visual heredado del Terry Gilliam de Brazil (no oso compararlos), aunque Chapero-Jackson se empeñe en citar al Mago de Oz como su referente más importante (las referencias a El Quijote son explícitas y, por lo tanto, demasiado evidentes).
Para esta fábula sobre la rebeldía adolescente se ha rodeado de un elenco de intérpretes que no solo cumplen, sino que aprueban con nota. La debutante Alba García y Miguel Ángel Silvestre se sienten muy cómodos en sus papeles y, particularmente ella, borda un personaje muy complejo que distingue con clase la fina línea entre la interpretación o la representación de una quinceañera. No representa un prototipo, siente un ser humano lleno de matices en el que lo importante es la identidad del mismo y no el hecho de simbolizar una generación perdida. Los secundarios aportan y no restan, algo extraño en el cine español, propenso a descuidar a todo aquel que no sea el protagonista. Percibes que se complementan con el resto y, sobre todo, con el potente entorno visual. La fotografía de Juan Carlos Gómez tiene buena culpa de ello.
Chapero-Jackson consigue transmitir la angustia de ser adolescente en un mundo diseñado para que los jóvenes se eduquen solos sin más ayuda que el colegio e Internet, siempre con ausencia de figuras maternas o paternas.

The Divide (Xavier Gens, 2011)
Ni ética ni moral, ni falta que nos hace...

Decía Michael Biehn en la presentación de la película exhibida durante el Festival de Sitges, que es el proyecto del que está más orgulloso desde hace mucho tiempo. Y revisando su carrera, tiene razón. Desde que protagonizó Terminator no ha parado de aparecer en serie B, serie Z o películas para la televisión más rancia. Pero es evidente que es su mejor papel desde La Roca, y de eso hace ya 15 años. Y esto se produce en un film arriesgado, duro, extremo y radical. No sé cómo será la versión en cines para todos los públicos, pero los 20 minutos de la versión del director que nos mostró Xavier Gens en Sitges se me hacen imposibles de ser cortados debido a que son parte indivisible de la transformación y degeneración psicológica de todos y cada uno de los personajes. Atmósfera, ambiente, evolución, involución...no importa el nombre que le pongamos, simplemente recomiendo la versión no censurada en la que el argumento no es castrado y en el que incluso puede cambiar la temática del mismo.
A priori puede dar la impresión de que estamos ante una nueva versión de Río Bravo. Personajes diferentes encerrados en un sótano donde dan rienda suelta a sus diferencias. Y básicamente, sí, es eso. Solo que el libreto de Karl Mueller y Eron Sheean está más interesado en mostrar la degeneración de la mente humana en situaciones límite, que en intentar ocultar las situaciones estándar y los personajes estereotipados en los que incurre a cada minuto. Salvo en el tercio final de la película, donde el guión se mueve como pez en el agua sumergiéndose en el interior empantanado de unas cabezas trastornadas. Es ahí, en la parte más opresora del film, cuando este respira libremente al no responder a ataduras morales o, incluso, humanas. Es ahí cuando el verdadero terror ve la luz, cuando sentimos pánico por nosotros mismos, no por ninguno de los personajes, verdaderos referentes amorales sin ningún tipo de empatía prefabricada o de serie. Cuando llegas ahí, podrás tener tu personaje favorito pero todos, absolutamente todos, han tirado su ética y moral a la basura por situaciones externas o internas, por lo que el espectador no puede sentirse más libre para sentir.
El problema está en gran parte de lo que transcurre antes del final. Sobre todo en algunas decisiones de guión algo insultantes para la lógica, con personajes tan ambiguos que se convierten directamente en estúpidos, con soluciones irreales y poco meditadas para situaciones que resultan grotescas. Ahí es donde el guión da síntomas de debilidad. Se admite que los protagonistas sean arquetipos (el negro, el héroe, los malos, la madre con su hija, el bueno, la pareja peleada...) pero es molesto que aparezcan y desaparezcan subtramas que prometían ser la clave de todo. Puede ser un despiste pretendido pero es un despiste molesto y muy artificial. La BSO recuerda en todo momento a 28 Días Después, sobre todo en el apoteósico final, muy parecido al tema principal de la cinta de Danny Boyle. Es en ese final donde nos reconciliamos con Gens, entregándonos a un torrente de emociones del todo inesperado que nos hará salir del cine con los pelos de punta. Y es que el happy end solo pega en las películas de Capra...

Twixt (Francis Ford Coppola, 2011)
Coppola, ¿por qué nos has abandonado?

Coppola es el autor de la mejor película de todos los tiempos (El Padrino I y II para mi es una sola), de una de las mejores películas de guerra de la historia (Apocalypse Now), de la mejor versión del Drácula de Bram Stoker (Drácula de Bram Stoker), de otorgarle el mejor papel al gran Gene Hackman (La Conversación). Pero también ha hecho Jack, Tetro y ahora...Twixt. Sin duda las películas más deficientes del maestro son producto de la nula confianza de los estudios en él, llegando a financiarse él mismo sus locuras. Desde los '80 siempre ha tenido problemas para sacar proyectos adelante a pesar de contar con varios Óscar de la academia y de convertir una corriente novela sobre gangsters italoamericanos en una auténtica maravilla del séptimo arte. Gracias a American Zoetrope, productora creada por él mismo y su amigo George Lucas (que está afeitándose con una maquinilla envuelta en un billete de 100 dólares mientras escribo esto) ha podido satisfacer sus ansias de crear y, en esta última etapa de su carrera artística, ejercer la labor de guionista, director y productor. Ser un autor enfrascado en el cine independiente, lo que siempre quiso desde que empezó en esto de la mano de Roger Corman.
El problema es que hay directores que trabajan mejor bajo presión o sometidos a la ley de un estudio. Y Coppola es uno de ellos. Más presión que tuvo con El Padrino (donde estuvo a un pelo de ser despedido) y Apocalypse Now (donde Martin Sheen recibió la extremaunción para curarse después misteriosamente) no ha tenido nadie. Millones y más millones dependían de él. En Twixt no. Puede hacer lo que quiera porque cuenta con 7 millones de dólares, un actor de capa caída como es el correcto Val Kilmer y ninguna expectativa por parte del público. De ahí que se decidiera por hacer videoarte con música de cafetería de motel con un uso ridículo y totalmente innecesario del 3D. Mi admirado Francis ha hecho lo que le ha salido del alma y eso es de admirar, aunque no el resultado. Con un guión que se desmenuza fácilmente, sin tener que ser muy avispado para adelantarte a los giros finales.
Mucho se ha vendido este Twixt como el regreso del director de Dementia 13 al género que le vio crecer de la mano de Roger Corman. Con el detalle de que el bueno de Roger sabía usar la autoparodia y la ironía en sus productos de serie B con resultados maravillosos para lo que su público requería de él. Coppola no sabe hacer eso y se queda a medio camino entre Serie B y apariencia de película cara que en realidad no tiene un duro. Intentando sacar algo positivo se puede destacar cierta fuerza visual en las escenas con la torre de los relojes de protagonista y una reflexión sobre la dificultad de la inspiración con momentos obsesivo-compulsivos propios del Gene Hackman de La Conversación o el Jeff Bridges de Tucker, un hombre y su sueño.

Attack the Block (Joe Cornish, 2011) 
Fuck the alien, bro!

En el libreto de Joe Cornish (que también dirige) se encuentran las mismas señas de identidad del cine de los '80 que el sobrevalorado Abrams intentaba homenajear en la entretenida Super 8, con la diferencia de que el británico aboga por una falta total de escrúpulos, prejuicios y sin tomarse para nada en serio, consciente de que el cálculo milimétrico para que algo quede como un clásico del pasado solo consigue un efecto artificial y  prefabricado.
El inicio del film juega con una ambigüedad moral peligrosa para el espectador, pues no es precisamente empatía lo que esos chavales de los suburbios de Londres desprenden. Afortunadamente, eso va variando poco a poco pero sin hacer ninguna concesión al estúpido buenrollismo exacerbado que sacude nuestros días. Los personajes son como son, no son héroes, son chavales de 15 años (algunos de 9) que ya son una lacra para la sociedad y viven marginados del resto, como el Hamsterdan que Howard "Bunny" Colvin creó en la 3ª temporada de The Wire. Nadie les echará de menos, solo las cárceles de la ciudad.
Quizá las bromas con referencia pop puedan jugar en su contra y sobre todo perjudiquen a la temporalidad del filme (como pasara con la saga Shreck) pero es una película dirigida a una generación obsesionada con la TV, los videojuegos y la música. Ésa que tan bien entiende el grupo formado por Edgar Wright, Simon Pegg y Nick Frost. En este caso, Wright produce, Frost actúa brevemente, Pegg descansa y Cornish pasa de actor a director/guionista. El resultado no puede ser más divertido, irreverente y alocado. Con unos actores jóvenes que se compenetran de vicio y un Frost asumiendo su papel de secundario ocasional. Es cierto que algunos de los personajes son simplemente símbolos o palabras vacías pero el tempo es medido con escuadra y cartabón, encajando perfectamente gracias a un ritmo endiablado y en constante ascensión (ojo, que es muy complicado subir permanentemente el nivel durante 80 minutos) que nos deja sedientos de más aventuras. La dosificación de situaciones y comedia/Sci-Fi optimizan un resultado que podría haberse visto afectado por la exasperación de dar un sobrecargado protagonismo a unos chicos negros malhablados.
El diseño de los aliens es un claro homenaje a los Gremlins-Creepers combinadas con una sencillez y espontaneidad que dotan al conjunto de un encanto especial, a pesar de no pronunciar ni una palabra ni tener referencias de su punto de vista. Spielberg, Dante, Lucas y demás estarían satisfechos de ellos. Así como de unos efectos especiales muy logrados a pesar del reducido presupuesto, estilizados, con una puesta en escena potente, jugando muy bien las bazas de la oscuridad, la niebla y los espacios reducidos. Mención especial merece la bestial combinación de música e imágenes (y eso que no soy fan del rap) que otorga y resta trascendencia según el momento lo requiera y dinamitando las explosivas posibilidades que este tipo de música posee para acentuar cualquier acción o momento tenso.

Jane Eyre (Cary Fukunaga, 2011)

Imperial Mia Wasikowska a ritmo de Darío Marianelli

Esta versión de Jane Eyre apuesta por un clasicismo casi reverencial hacia la novela de Charlotte Brontë e incluso a la primera adaptación al cine filmada por Robert Stevenson e interpretada por Orson Welles y Joan Fontaine. Vuelvo a recurrir al maestro Eastwood para recuperar su famosa afirmación de que no hay historias nuevas sino solo otras formas de contarlas. Y el director de Sin Nombre, Cary Fukunaga, así lo hace recurriendo a uno de los elementos más importantes del cine y a la vez menos valorados por el público medio: el montaje. A través de unos ágiles y sutiles flashbacks nos intercala pasado y presente, removiendo de esta forma nuestros sentimientos en un tiovivo de sensaciones que van desde la desesperación a la angustia pasando por la tristeza contenida. Recurso de director grande.
La novela ha sido analizada al extremo por lo que considero inútil referirme a algún aspecto de ella que los lectores no conozcan ya, salvando el hecho de que Moira Buffini, la autora del libreto, no tiene ningún interés en adaptar aquella trágica historia a nuestros tiempos ni
ensañarse con algún tipo de variación que reste o modifique de alguna forma los valores y
reflexiones expuestas sobre la Inglaterra de mediados del Siglo XIX. Una sociedad que acababa de celebrar la abolición de la esclavitud pero que seguía condenando a las mujeres a un segundo plano con las desigualdades sociales entre clases aumentando cada día. Ese es el marco histórico en el que se mueve la historia que aquí analizamos, sin que estorbe en ningún momento o sea parte trascendental de la trama. El plato fuerte es la desgarradora historia de amor entre Jane Eyre y Edward Rochester y todos los elementos de la película dan lo mejor de sí para que el drama luzca a flor de piel.
Podríamos decir que estamos ante la típica película inglesa perfecta. Es decir, nada desentona, nada chirría, todo está en su sitio, todos y cada uno de los recursos cinematográficos se utilizan de manera ejemplar pero (siempre hay un "pero") esta perfección es precisamente lo que juega en contra del film. En algunas secuencias no hay lugar para la libertad; se ata con sus propias cuerdas y se autolimita debido a esas ansias de no ensalzar un minuto más que otro (salvando las 2 o 3 escenas de amor entre los protagonistas), luchando por mantener un equilibrio y un tempo narrativo ejemplar.
La fotografía de Adriano Goldman, la música de Dario Marianelli (candidata desde ya a los Óscar, preciosa y precisa), el montaje de Melanie Oliver, el diseño de vestuario de Michael O'Connor...joyas individuales que juntos conforman un grupo bestial para apoyar al guión y a la dirección teniendo en su reparto la guinda a un pastel muy disfrutable: Fassbender, Bell, Dench (aunque algo desaprovechada), pero sobre todo una imperial Mia Wasikowska que presenta oposiciones con esta apabullante actuación para ser una de las actrices australianas más laureadas de la historia y destronar a mitos como Nicole Kidman. Se siente que hay un gran equipo detrás de todo el proyecto y consigue que deseemos que nos rompan el corazón de nuevo, si lo hacen de forma tan inteligente y magistral como ésta.

Mientras duermes (Jaume Balagueró, 2011)

Nos encantan los malos, reconozcámoslo. Esos villanos de cine que no nos podemos quitar de la cabeza y que alguna vez hemos soñado interpretar aunque sea en el espejo de nuestro cuarto de baño. El Joker, Hannibal Lecter, Darth Vader, Freddy Kruger, Norman Bates, Harry Powell...hay multitud de representantes del mal en diferentes épocas y situaciones. Solo que la mayoría tiene motivos para ser un anti-héroe ya sean el dinero, el poder, los traumas infantiles...César (Luis Tosar) no. Él es así, nació sin esa capacidad para sentir el bien como quien nace sordo, mudo o del Madrid. Tal vez el Joker comparta esa "habilidad", el joder por joder, que la anarquía fluya en sus venas y que salpique a los demás cuando sean cortadas. Ya está bien del "me pegaban de pequeño" o "soy así por culpa de la sociedad". Jaume Balagueró y Alberto Marini se atreven a estamparnos en la cara la sucia verdad, hay gente que nace así y no se arrepiente de ello, solo conviven como pueden intentando ser felices...a su manera. No sirve de nada endulzar la realidad en una ficción cuando en los informativos nos narran cada día asesinatos, masacres, terrorismo, politiqueo rancio y demás situaciones calamitosas. Si el cuarto poder no suaviza la cruda verdad, el cine (que en este país no es ni el quinto ni el sexto ni el séptimo poder) no tiene obligación a ello, sin embargo sí que recibe una censura más dura y castradora recayendo en él una responsabilidad que no le toca.
El punto fuerte de la historia y la dirección por la que ha optado Balagueró es el punto de vista. Somos César. Vamos a donde él va. Vemos lo que él ve. Dañamos a quien él dañe. Siempre se ha dicho que lo mejor es tener diversos puntos de vista de una misma historia para que el espectador decida en su cabeza qué camino seguir o con quien se identifica. Aquí no. Acertadamente, Balagueró y Marini, instauran la dictadura en nuestra mente para inculcarnos que no hay nada más para nosotros que no sea ese hijo de Satanás. Estamos condenados a entendernos si queremos desfilar por el camino que director y guionista han construido para nosotros. Es un arma de doble filo pero apuesto a que pocos espectadores optarán por no seguirles. El rompedor final recompensa a los desprejuiciados y castiga a los bienpensados. No puedes lanzar un órdago durante 100 minutos para redimirte en los 7 restantes. Eso sería impropio de un personaje houstoniano.
Tosar, Etura y San Juan bordan sus papeles sin aparente esfuerzo siendo el del actor gallego un papel caramelo que aborda con contención y firmeza para descontrolarse en los momentos de violencia y tensión. Son ya muchas las grandes actuaciones de Tosar para que se le considere un grande no ya del cine español, sino del cine internacional, sin límites. Para el recuerdo queda esa espectacular escena entre él mismo y San Juan que está rodada e interpretada con un realismo sucio que asusta. Esa mirada del actor de Bajo las Estrellas en la bañera es de una indefensión y dramatismo que te congela la sangre. El guión de Marini, aparte de explayarse sobre una patología como es la maldad en el ser humano, plantea otra cuestión sobre la que pasa de puntillas: ¿Dónde acaba la seguridad y empieza la intromisión a la privacidad? ¿Estamos dispuestos a confiar nuestra vida y detalles más íntimos a un trabajador siendo un completo desconocido? ¿Por qué nuestra reacción natural es la de confiar en las personas que desempeñan un trabajo cuando son los qué más fácil tienen el acceso a nosotros? ¿Cómo sabemos qué no son unos perturbados con delirios psicópatas? Eso es lo malo y lo que nos aterra...no lo sabemos.

Red State (Kevin Smith, 2011)
Adolescentes, sectas y John Goodman

Red State se basa en una realidad disfrazada de ficción, inspirándose en la familia Phelps y sobre todo en Fred Phelps, conocido por su homofobia, predicando que Dios odia a los homosexuales y que les castigará al igual que a cualquier persona que esté insuficientemente en contra de los homosexuales llegando a manifestarse en los funerales de los soldados americanos como protesta, por ejemplo. Como ya hiciera en Dogma, Smith ridiculiza a estos fanáticos con humor negro y violencia extrema. Aunque eso no quita para que, durante casi todo el segundo acto, les de espacio para mostrar su punto de vista, algo que es de agradecer pues el espectador puede elegir libremente cuál de las partes merece su empatía. De hecho, uno de los puntos fuertes del guión, aparte de su frescura y ser lo suficientemente impredecible, es el reparto del protagonismo en tres figuras a lo largo de tres actos: los adolescentes salidos, la secta y los cuerpos de seguridad liderados por el genial John Goodman.  Y los tres son criticados sin piedad. Los niñatos que buscaban sexo desesperadamente de American Pie reciben aquí su merecido, cosa que no ocurría en la popular comedia de los 90, como una suerte de justicia divina tardía, pero justa. La secta es tratada desde el interior retratando su locura y desmesura. Y la ley tampoco se libra, quedando como buscadores sin descanso de terroristas islámicos sean estos los culpables o no de la situación.
Me gustaría destacar el fantástico tratamiento de sonido y el sonido en sí, en especial las escenas con unas armas que suenan como si estuviéramos en el mismo infierno. Si se hubiera tomado menos en serio a sí misma, ésta podría haber sido sin duda la resurrección del director de Clerks. Pero sobre todo, Red State puede ser el nacimiento de un nuevo Kevin Smith. De profesión, mezclador de géneros, pero siempre la comedia y el terror (lo que mayoritariamente tiene como resultado un thriller cómico con toques terroríficos).

Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)
King of the road

Los nuevos (anti)héroes no disparan una pistola en 100 minutos de metraje. Usan martillos, porras, objetos, las extremidades o como recurso extremo, las culatas de sus armas como representación simbólica del desprecio a esos mitos a una pistola pegados, como Charles Bronson, Dolph Lundgren o Steven Seagal. El personaje construido por el guionista Hossein Amini, a partir de la novela de James Sallis, se diferencia de Bourne y del Bond moderno únicamente en ese aspecto, ya que en frialdad, dureza, obcecación y determinación son idénticas.
El film, por otra parte, juega bien las cartas del homenaje y la reivindicación de un tipo de cine inspirado en los '70, con una banda sonora repleta de títulos míticos de la época pero con alusiones a la última década. De esta forma, nos encontramos con una mezcla del McQueen de Bullit, planos cenitales a lo Crash, la textura de Traffic y, sobre todo, mucho Michael Mann, el mayor referente visual de la película. El Dilema, Collateral, Corrupción en Miami y, más que nada, Heat están presentes en cada fotograma visualmente pero técnicamente, Windong Refn opta por un estilo de dirección alejado del cineasta americano. Es en las persecuciones donde más se nota el pulso del danés, suponiendo una revolución en el género desde la primera Bourne. Tanto director como guionista tienen las ideas muy claras de a dónde conducen al espectador en cada momento, con una estructura estudiada que se divide en empatía con los personajes (donde Bryan Cranston nos gana desde el principio), consolidación de la historia de amor de la pareja Gosling-Mulligan, problemas y media hora final con un apoteósico ajuste de cuentas entre buenos y malos (es lo peor, que no hay grises) donde la sangre y la imaginación al ejecutarla brillan de manera impoluta.
Pero para que el cuidado ejercicio de planificación estructural dé resultado hay que apoyarse en un elemento imprescindible: el reparto. Y aquí es donde esta notable película condenada (para bien) a convertirse en film de culto da lo mejor de sí. Un Gosling impresionante apoyado por unos secundarios de auténtico lujo y, curiosamente, casi todos televisivos. Pero a mí me gustaría destacar a dos actores que roban cada plano en el que hacen acto de presencia como son Cranston y Brooks. Brooks hace suyo a ese tirano con piel de cordero con un magnetismo que hace palidecer la presencia física de todo un Ron Perlman, entregando el que posiblemente sea su mejor personaje desde Taxi Driver. Y que voy a decir de Cranston, alias Walt White. Para mi es el mejor actor que hay hoy en día en la actualidad.
En definitiva, una película muy entretenida que podría haber visto aumentado su impacto narrativo si el apartado técnico no hubiera estado poblado de ralentíes imposibles y el distanciamiento emocional fuera más moderado.
 
Taida Nadales y Jos Rodríguez
 
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VOD (Vidéo à la demande): Sortie en avril de deux films français

VOD (Vidéo à la demande): Sortie en avril de deux films français   Kalinka

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« Les grands esprits» (« El buen maestro») et «Jusqu´à la garde» (« Custodia compartida »)

«Les grands esprits» (« El buen maestro») et «Jusqu´à la garde» («Custodia compartida [ ... ]

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«Le semeur» («La mujer que sabía leer ») de Marine Francen  

"Le se [ ... ]

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«L´atelier» («El taller de escritura») de Laurent Cantet  

"L´atelier"  [ ... ]

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«Knock» («El doctor de la felicidad ») de Lorraine Lévy et « Corporate » de Nicolas Silhol

«Knock» («El doctor de la felicidad ») de Lorraine Lévy et « Corporate » de Ni [ ... ]

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«Normandie nue» («Normandía al desnudo») de Philippe Le Guay

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"Normandi [ ... ]

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«Numéro Une» («La número uno ») de Tonie Marshall
    Le der [ ... ]

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L’influence des arts plastiques dans le cinéma (1)

L’influence des arts plastiques dans le cinéma (Première Partie)   Alexander [ ... ]

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L’influence des arts plastiques dans le cinéma (2)

L’influence des arts plastiques dans le cinéma (Seconde partie)   Agora  [ ... ]

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L’influence des arts plastiques dans le cinéma (3)

L’influence des arts plastiques dans le cinéma (Troisième partie)   El gran  [ ... ]

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L’influence des arts plastiques dans le cinéma (4)

L’influence des arts plastiques dans le cinéma (Quatrième Partie)   A bigger [ ... ]

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L’influence des arts plastiques dans le cinéma (5)

L’influence des arts plastiques dans le cinéma (Cinquième partie)   Dan [ ... ]

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Tous les interviews

Michel Hazanavicius

Michel Hazanavicius: " Aux français, je dirais que ce film est un morceau de leur histoire"  [ ... ]

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