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Septembre - Octobre 2021

 ¡Ave, César! (à traduire)

 
Reino Unido, Estados Unidos, Japón, 2016
Dirección y guión: Ethan y Joel Coen
Reparto: Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Scarlett Johansson, Tilda Swinton
Género: Comedia satírica
Duración: 106 minutos

Nota Cinecritic
Muy buena
 
"El individuo unidimensional se caracteriza por su delirio persecutorio, su paranoia interiorizada por medio de los sistemas de comunicación masivos. Es indiscutible hasta la misma noción de alienación, porque este hombre unidimensional carece de una dimensión capaz de exigir y de gozar cualquier progreso de su espíritu. Para él, la autonomía y la espontaneidad no tienen sentido en su mundo prefabricado de prejuicios y de opiniones preconcebidas". (Herbert Marcuse en "El hombre unidimensional", 1964)

De la Roma Antigua a los Estudios de Hollywood

Hollywood, década de 1950, Edward Mannix (Josh Brolin), encargado de proteger a las estrellas del estudio cinematográfico Capitol Pictures de escándalos y polémicas, vive un día intenso luego de recibir la mala nueva de que el actor principal de la superproducción "¡Ave, César!", Baird Whitlock (George Clooney), ha sido secuestrado en pleno rodaje por una organización secreta llamada "El Futuro".
¡Ave, César! es una sátira sobre la edad de oro del cine de estudio. Con un guión en tono caricaturezco muestra los entretelones, lo que se ocultaba detrás de las luces y los brillos, las miserias detrás de la magia del cine. Los Coen vienen desenmascarando a Hollywood desde hace muchos años, ya en Barton Fink (1991), la mostraban como sepulcro de creatividad y talento artístico.
Transcurre durante el periodo marcartista, cuando muchos de los guionistas y actores de calidad eran perseguidos, acusados de introducir subliminalmente ideas marxistas en las películas. Hollywood se quedó sin guionistas, por eso a menudo los productores y directores se veían forzados a suplir ese rol y tomar decisiones que no formaba parte de su metier. El macartismo significó el más desolador vaciamiento de contenido dentro de la industria cinematográfica.
Para los Estados Unidos fue el auge económico de la posguerra, para los Coen, la Pesadilla Americana, no el Sueño americano que, según parecen describir en sus filmes, es una farsa sustentada en la sociedad de consumo y la religión institucionalizada.
La Capitol Pictures rememora a las grandes productoras como la Paramount y la MGM. El nombre Capitol alude al Capitolio: centro religioso y político de la Antigua República Romana y muchos siglos más tarde, sede del poder legislativo de los Estados Unidos de Norteamérica. Así los Coen establecen un paralelismo entre cine, historia y política.
La prensa aparece representada por las periodistas gemelas Thora y Thessaly Tacker quienes, a la manera de Heda Hopper y Louella Parson, persiguen al productor y "fixer" de la Capitol Pictures, Edward Mannix, para obtener la primicia que atraiga la mayor cantidad de lectores a sus revistas. Una es la prensa amarillista y la otra, la prensa "seria", pero los Coen muestran que las dos son iguales, sólo muda el traje pero las caras son idénticas. De hecho están ambas interpretadas por la misma actriz: Tilda Swinton.
El filme recorre varios géneros:  principalmente el épico-bíblico, en el que se rinde homenaje a títulos famosos como Quo Vadis (Mervyn Le Roy, 1951) cuyo actor principal, Robert Taylor, es parodiado por George Clooney en su rol de general romano, The robe (Henry Koster, 1953) y Ben Hur  (William Wyler, 1959); dentro del género musical se pueden reconocer escenas inspiradas en Anchors Aweigh (1945) dirigida por George Sidney y protagonizada por el actor, bailarín y coreógrafo Gene Kelly (en el filme de los Coen ese papel es encarnado por Channing Tatum como Burt Gurney) y Bathing Beauty (1944) del mismo director George Sidney y protagonizada por la actriz y estrella del nado sincronizado Esther Williams, rememorada por los Cohen a través de Scarlett Johansson en el rol de DeeAnna Moran. Se puede reconocer también a Carmen Miranda en el personaje de Carlotta Valdez (Verónica Osorio). Además hay alusiones a otros géneros tales como el western, representado por Hobie Doyle (Alden Ehrenreich), un vaquero que actúa a la manera un tanto circense de Kirby Grant.
Hobie mantiene una amistad (cercana al noviazgo) con Carlotta Valdez y se ve obligado a cambiar de género de un día al otro, cuando una producción de comedia blanca lo requiere de urgencia. Laurence Laurentz, el director de esa comedia romántica, ambientada en salores con grandes escalinatas de mármol y teléfonos blancos -al estilo de los filmes de Ernst Lubitsch como Heaven can wait (1943), A royal scandal (1945) y That Lady in Ermine (1948)- dedica largas horas a enseñarle buena dicción al pobre Hobie, acostumbrado hasta entonces a los lazos y las monturas. En algunas escenas de ¡Ave, César! se advierten analogías estilísticas con el policial negro y con el género de espionaje.
La principal línea narrativa del filme es la que protagoniza el general romano, encarnado en la ficción por Baird Whitlock (George Clooney), que vuelve a Roma triunfante después de sus varias conquistas militares. Este general romano y el actor que lo encarna pasan ambos por una especie de transformación espiritual, producto de una situación traumática o de una visión iluminadora. Baird Whitlock es secuestrado por un grupo de guionistas de ideología marxista, que han sufrido la pérdida de sus empleos en la industria del cine. Lo más genial es que los secuestradores le sirven té con sándwiches a su rehén, e intentan convencerlo de sus teorías anti-sistema. Ellos le dicen que los actores como él son instrumentos de manipulación y sostén del statu quo capitalista, que aunque el estudio le haga creer que es un artista, en verdad es un producto más del mercado, un esclavo de lujo. Al cabo de varias horas en cautiverio, Whitlock queda convencido de la legitimidad de estas ideas, toma conciencia de su situación como si se tratara de una revelación. Algo similar ocurre con su personaje, un hecho transformador ocurre en su interior en el preciso instante que observa directamente el rostro de Cristo. El ve que Cristo no hace diferencia de clase, no juzga, se dirige a esclavos y romanos en el mismo tono compasivo. El Jesús de los Coen parece la versión antigua de un revolucionario socialista. Pero ninguno de los dos, ni el actor ni su personaje, logran la transformación. Whitlock es amenazado, castigado, coercionado por Eddie Mannix para que reprima sus ideas "peligrosas". Y su personaje se olvida a último momento de la palabra más importante del texto, la palabra "fe".

El Marxismo provoca una crisis de fe en el Capitalismo

El grupo de guionistas autodenominados "El Futuro", expulsados de Hollywood tras haber sido acusados de introducir subliminalemente ideas marxistas en sus guiones, se ven forzados a llevar una vida marginal. Entre ellos reconocemos dos que usan gafas, con un aspecto físico muy semejante a los Coen, como si los directores hubiesen intentado representarse a sí mismos dentro de este grupo. En realidad son marxistas de salón, de té con sándwiches a las 5 de la tarde. Se reunen en una lujosa casa frente al mar, cuyos pisos son lustrados cada mañana por una mucama. Viven en un ambiente bastante burgués como para auto proclamarse marxistas. Entonces, por influencia de su mentor, un ficcional Herbert Marcuse, el grupo decide pasar de lo meramente intelectual a la acción directa, tomando medidas "revolucionarias".

  1. Ellos admiten su propósito de introducir ideas marxistas en sus guiones (irónicamente es de esto que el Comité de Asuntos Antinorteamericanos los acusa), por ejemplo haciendo ganar las elecciones en una película a un tal Gus, un candidato que no estaba "arreglado". Con esto los Coen insinúan, no sin sarcasmo, que la democracia norteamericana es tan corrupta, que lo más revolucionario que se le puede ocurrir a un guionista es hacer ganar al candidato no pautado. Por otra parte muestran, por reducción al absurdo, la falsedad de la acusación que pesa sobre ellos.
  2. Pasar a la acción significa para ellos secuestrar a una estrella de los estudios, es decir a un alto representante del establishment, tanto en su calidad de actor como en su rol de general romano (de hecho Baird Whitlock aparece caracterizado de romano durante todo el transcurso de la película, como si no hubiese una clara diferencia entre el actor y el personaje que encarna).  A cambio el grupo pide 100 mil dólares de rescate. Pero las cosas no salen según lo esperado: la maleta con los billetes acaba en el fondo del mar y el secuestrado se transforma en un convencido defensor de la causa marxista.
  3. Burt Gurney (Channing Tatum) caracterizado con traje de marinero al estilo Gene Kelly, es en realidad un espía ruso. El grupo de intelectuales "El Futuro" lleva a este "Hombre Nuevo" en un bote de remos hasta un punto en el que un submarino ruso surge del fondo del océano como para rescatarlo de las garras del capitalismo. La forma como aparece vestido, como hace la venia, como salta hacia la escalinata, repite con exactitud la misma gestualidad utilizada en las películas. La actuación continúa fuera del set o, major aún, la realidad y la ficción se confunden en una sola, reproduciendo en el comunismo la misma situación que se viene dando en el capitalismo. El dejar caer la maleta al agua cuando su perrito Engels salta a sus brazos, podría interpretarse como una troca de dinero por ideología. Una idea muy romántica si no fuera por lo irónico que resulta que la ideología aparezca representada por un simpático poodle blanco.


Las teorías del grupo "El Futuro" se basan en las de Herbert Marcuse, por eso vale la pena detenerse a examinar quién fue Marcuse en la vida real: filósofo y sociólogo alemán, uno de los principales referentes de la Escuela de Frankfurt junto con Theodor Adorno, Max Horkheimer, Erich Fromm y Walter Benjamin. Antes de trasladarse a los Estados Unidos, Marcuse huyó de Alemania en pleno ascenso del nazismo, emigró a Ginebra, luego a París y finalmente a Nueva York, donde trabajó en la Universidad de Columbia. En sus libros "Eros y Civilización" (1955) y "El hombre unidimensional" (1964), critica a la sociedad industrial moderna, tanto al capitalismo como al modelo soviético de socialismo. Según su Teoría Crítica, las sociedades industrializadas esconden rasgos totalitarios bajo su apariencia democrática y liberal. La consciencia del hombre ha sido asimilada por la sociedad industrial de tal forma que las necesidades mismas que el hombre inmerso en esta sociedad cree suyas, en realidad son ficticias,  producidas por el modelo y orientadas hacia sus fines. Marcuse distingue, entonces, dos tipos de necesidades: las reales, las que provienen de la naturaleza misma del hombre, y las necesidades ficticias, las que provienen de una conciencia alienada bajo la influencia de la sociedad industrializada. El capitalismo dispone así de las energías del ser humano para la producción en masa, encasillándolo en una genitalidad primitiva y no permitiéndole madurar ni sublimar sus instintos, la única vía para una libertad auténtica. Según la teoría crítica, todo lo que el hombre cree propio: sus sueños, sus anhelos, sus valores, necesidades, todo ha sido producido por la sociedad de consumo, y de esa forma el capitalismo logró neutralizar cualquier intento de oposición. Los medios masivos de comunicación y la publicidad ayudan a ese propósito coercitivo. Incluso la misma cultura ha sufrido un proceso de mercantilización.
Sin embargo, para Marcuse hay una salida posible: el arte auténtico, el arte vanguardista que proviene de una mirada crítica, de un distanciamiento de la realidad cotidiana. En "El hombre undimensional", Marcuse resalta los valores del teatro de Bertolt Brecht justamente por sus técnicas de extrañamiento o distanciamiento, que obligan al espectador a reflexionar sobre lo que está observando en escena.
Las ideas de Marcuse se terminan confirmando en "Ave, César". Allí vemos como Hollywood, lejos de ser un lugar de realización artística, es una industria en la que todos los funcionarios: directores, guionistas, actores están al servicio de la producción de películas destinado a un público masivo. Esta realidad llegó al extremo durante el periodo macartista justamente por la censura que pesaba sobre los guionistas que tenían alguna idea diferente al estándar aceptado. La maquinaria del cine estaba entonces (y lo sigue estando) destinada a entretener al público y a obtener ganancias, de ninguna manera a incitar a la reflexión desde una óptica crítica. En el filme se ve como el sistema sofoca cualquier intento de rebelión: la máquina de edición casi ahorca a la montajista C.C. Calhoun (Frances McDormand) cuando su echarpe queda atascado en los engranajes. La maquinaria de Hollywood casi la mata, pero también mata la creatividad, mucho más teniendo en cuenta que la mesa de edición era utilizada como herramienta de censura.  Luego están los cachetazos de Eddie Mannix a Baird Whitlock, cuando éste le revela ideas nuevas y peligrosas para el sistema, como si se tratara de un padre castigando a uno de sus pequeños hijos porque ha tenido un mal comportamiento; el director Laurence Laurentz pegando cachetadas a Hobie Doyle como forma eficaz para enseñarle buena dicción, y podríamos enumerar otros varios ejemplos de métodos de intimidación utilizados que, aunque recuerden un poco a las comedias de enredo, no resultan aquí para nada hilarantes. 

La cuestión de la imagen divina

Se ha hablado mucho de las referencias de los Coen a la falsedad del sueño americano, pero muy poco de sus cuestionamientos sobre la existencia de Dios y la naturaleza divina, pese a que estos cuestionamientos aparecen constantemente en su filmografía. 

El personaje que encarna el tema de la religiosidad es, a la vez, uno de los más duales de la película: el fixer (o cleaner) de la Capitol Studio, Eddie Mannix. Él se cuestiona constantemente sobre diferentes temas, duda entre continuar con su trabajo en los estudios o aceptar una propuesta de empleo de una empresa de aviación, Laugheed Aircraft, que transporta bombas de hidrógeno. Un ejecutivo de esa empresa le dice, en un almuerzo, que el cine no es un verdadero negocio sino un circo destinado al fracaso. Para demostrar su propia visión del futuro, muestra a Eddie una foto tomada durante las pruebas con armas nucleares en el atolón de Bikini, en el archipiélago de las Islas Marshall. Al ver la foto Eddie exclama espantado: "¡Armagedon!" (es decir: Apocalipsis). Después de todo parece que ese futuro no era tan primosorio como lo quería hacer ver el ejecutivo de Laugheed Aircraft sino más bien algo semejante al fin del mundo. Sin embargo la devoción católica de Eddie no le impide aceptar como regalo el modelo a escala de uno de los aviones que la empresa fabrica, y colocarlo en la repisa de su pequeño hijo… 
Para dar una idea cabal de la ambigüedad de este personaje, baste recordar que el verdadero Eddie Mannix (en quien los hermanos Coen se inspiraron) fue productor ejecutivo y "cleaner" de la MGM en los años '50. Su función era mantener limpia la imagen de los artistas y para ello no dudaba en utilizar cuanto recurso tuviera a su alcance, tales como amenazas, chantajes y coacciones de todo tipo. Su función incluía la de arreglar matrimonios entre actores y actrices homosexuales o buscarle candidatos serios a las actrices que quedaban embarazadas de un amante ocasional, y cuya imagen se vería eclipsada al convertirse en madre soltera. Otras tareas para él eran pagar el silencio a víctimas de accidentes de tránsito ocasionados por alguna de las estrellas de cine en estado de ebriedad, manejar la prensa con el fin de impedir la publicación de noticias que no fueran de la conveniencia del estudio, y para lograrlo movía influencias o directamente pedía a ayuda a sus contactos mafiosos. En otra palabras, más que un empleo de productor ejecutivo, Mannix llevaba a cabo una verdadera actividad de gángster.
El personaje de los Coen, sin embargo, aparece mucho más suavizado que el real. Ferviente católico, duda constantemente de sus actos y se confiesa ante el cura unas siete veces a la semana. Con él se plantean varios cuestionamientos religiosos, éticos y existenciales:

  1. Cómo representar a Dios en una película sin ofender las creencias religiosas.
  2. Cómo Dios nos habla, cómo nos dice lo que es correcto y lo que no, a la hora de elegir entre dos caminos divergentes.
  3. Eddie confiesa ante el cura que miente a su esposa sobre dejar de fumar y que le pega cachetadas a las estrellas de cine. Él sabe que no es correcto, pero al salir del confesionario se libera de su "pecado" y vuelve a actuar de la misma manera. Confesarse no le sirve para cambiar de actitud. A pesar de su devoción religiosa, no da la impresión de que la religión lo ayude demasiado a encontrar las respuestas a sus cuestionamientos.


Para los Coen, la historia, la religión y la política forman parte de una puesta en escena. Capitalismo y Religión mantienen al hombre esclavizado, atrapado en un engaño, en una ficción. Los empleados de los grandes estudios creen que están produciendo algo artístico, pero en realidad solo generan beneficios para los altos ejecutivos. Se trata de un negocio, no de arte.

La película que se está filmando sobre la Antigua Roma es la historia de la tranformación de un romano al cristianismo. Es una película sobre el cristianismo, en realidad. Pero el actor se olvida en la última escena de la palabra clave, la palabra "fe", vaciada de contenido en el mundo contemporáneo.
Los representantes de las diferentes iglesias (un pastor protestante, un padre católico, un rabino y un sacerdote de la iglesia ortodoxa), convocados por Mannix a una reunión, no se ponen de acuerdo sobre la representación divina en la pantalla, especialmente el rabino, que rechaza de plano la idea de un Dios encarnado que pueda ser representado en imágenes. Allí comienza toda una discusión filosófica sobre la naturaleza divina: "Dios es amor" dice el pastor, "Dios es lo que es", dice el padre de la iglesia ortodoxa. La discusión no se cierra en ese momento, pero luego se ve que el actor que interpreta el papel de Jesucristo permanece de espaldas a la cámara en una escena y sólo se muestran sus pies, en otra. En ningún momento se le ve el rostro, aunque es posible imaginarlo reflejado en la expresión radiante de Baird Whitlock. El no mostrar el rostro de Cristo era parte de las convenciones cinematográficas en los años '50. Y hasta allí el espectador logra entrar en el juego de la ficción. Pero una omisión significativa, la última palabra del texto, nos obliga a salir de ese hechizo para darnos cuenta de que se trata simplemente de una puesta en escena. Los Coen echaron mano de esa misma técnica a la que se refiere Marcuse como "efecto de extrañamiento", largamente utilizada por Bertolt Brecht en sus obras, y más tarde retomada por realizadores de cine como Fassbinder, Godard y Haneke. La religión, para los Coen, forma parte de una puesta en escena universal, no representa la verdad revelada.
Ante la duda de si quedarse en el mismo empleo o aceptar uno "más fácil" (según sus propias palabras), la fuerza de la costumbre puede más, igual que su adicción al tabaco. El filme termina con Eddie Mannix caminando hacia las tres Cruces sobre un Monte del Calvario escenográfico, hecho de cartón pintado. Entonces la cámara deja de acompañarlo y realiza un paneo hacia arriba, hacia el cielo. Un rayo de luz surge en ese momento en medio de las nubes. La representación de Dios para los Coen es ese destello que emana de un proyector de cine. Ellos no muestran un más allá, pero sí dejan planteada la idea, muy platónica, de un mundo proyectado por una luz creadora, igual que un proyector de cine plasma una imagen bidimensional sobre la pantalla. En esa caverna platónica, que es también nuestro mundo imperfecto hecho de sombras, nosotros quedamos de espaldas a esa luz de la que apenas logramos vislumbrar un breve resplandor y de la que, por nuestra condición de seres imperfectos o de "hombres unidimensionales" -siguiendo el concepto de Herbert Marcuse-, nunca podremos tener la plena certeza.

Adriana Schmorak Leijnse

Páginas Web Consultadas:


¡Salve, César! por Beatriz Iacoviello, El rincón del cinéfilo
Capitolio en Wikipedia
El hombre unidimensional en Wikipedia
Herbert Marcuse en Wikipedia
Ave, César
Ave, César
Ave, César

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