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Septembre - Octobre 2021


Elizabeth Taylor - (à traduire)


 

 
El mito del Hollywood dorado más indeleble y omnipresente de la pantalla, cumpliría 80 años el próximo febrero


La heroína de “Gigante” junto a James Dean y Rock Hudson, la exasperada “Gata sobre el Tejado de Zinc”, la embriagada Martha de “Quién Teme a Virgina Woolf”, la “Cleopatra” más gloriosa que el celuloide hollywoodense ha obsequiado; la estrella, diva y sempiterno mito por excelencia del dorado CinemaScope, moría el 23 de marzo de hace un año.
Tras este fresco fílmico, a modo de efeméride, recordemos el mito que abrigó la última gran estrella del extinto cine dorado de Hollywood: Elizabeth Taylor.


Para algunos, como su hermano Howard, fue “Lizzie la Lagarta”, para otros, como Montgomery Clift era “Bessie Mae”, más tarde, en pleno estrellato, fue Liz Taylor para la prensa y el mundo del cine; pero para aquellos, que de modo íntimo y fraternal profesaron suma devoción a la mujer de los ojos color violeta, fue simplemente: Elizabeth.
Jamás sintió afecto por el apelativo de Liz y así lo declaró ulteriormente: “Aquellos que me conocen y esperan intimar más conmigo, no me llaman Liz. Me llaman Elizabeth(1).

Aquella bella mujer de reducida estatura, con penetrantes y magnéticos ojos azul-malva, hubiera cumplido el próximo 27 de febrero 80 primaveras.
Su tránsito de niña precoz a estrella ya adulta, luego diva y para siempre mito, la situaron como una de las actrices más singulares de entre el mosaico cinematográfico de todos los tiempos. Joyas y millones, tan célebres como su carrera -53 films-, fueron algunas de las señas que distinguieron su figura tanto artística como pública. No menos fue su quebradiza salud, que combatiría con denuedo; prueba de ello fueron sus 2 experiencias cercanas a la muerte, sus numerosas enfermedades y las más de treinta operaciones diversas que padeció su cuerpo.

Ahora bien, al margen del icono público: ¿Quién fue Elizabeth Rosemond Taylor?, ¿quién se amagaba tras ese mito, con: 2 Oscar, 8 matrimonios, 4 hijos, 10 nietos, 4 bisnietos y una superada adicción al alcohol?

Nacida en el selecto barrio londinense de Hamsptead Head, transcurrió una infancia almibarada de lujo y caprichos consumados. Hija de padres americanos, residentes en Londres y de procedencia irlando-escocesa, fue ya desde la cuna centro de toda las miradas progenitoras; blanco siempre de alabanzas y mimos por doquier. Aquel suntuoso halo palaciego, embarrocado por sirvientes e institutrices, se vio complementado por la figura materna, quien ejercía fuerte influencia sobre Elizabeth.
Ente sedas y algodones, su madre, percatada de la belleza cautivadora de la pequeña, vertió todo su empeño en hacer de ella aquello que la progenitora, una pretérita actriz de teatro, nunca alcanzó: el estrellato.
Convencida de su potencial innato, a los dos años, su madre Sara, la inscribió en clases de balet y canto. De madre se tornó en amiga, consejera y en su más fiel mentora. De tal guisa, le inculcó cómo reverenciar, estrechar las manos, o dirigirse en público; en suma, ser una señora. Sin duda, todo aquel que la observaba quedaba embelesado por el talento y gracia de la niña. Amerced de ello, refinamiento, precocidad y sofisticación calaron pronto en el inconsciente de la protagonista.
En 1939, la irrupción de la II Guerra Mundial gravitó el destino de los Taylor a EE.UU. Rumbo a América, en el buque Manhattan se proyectaba el film La Princesita, de Shirley Temple. Tanta fue la impronta que causó en ella, que su madre oyó decirle: “Mamá quiero ser actriz, estrella de cine como la Temple(2). Y en efecto, con diez años, aquella halagüeña chiquilla, dotada de unas cualidades artísticas de firme promesa conquistó Hollywood. De hecho, el estallido bélico cambió su vida para siempre; así lo manifestó la propia estrella: “Si no hubiera estallado la Segunda Contienda Mundial, habría debutado en Inglaterra, pero jamás me hubiera convertido en actriz(3).
Y así fue. Una avalancha de audiciones, piscolabis y contactos entre el show business propiciaron el encuentro con el Presidente de la Universal Pictures, J, Cheever Cowden. Tan prendado quedó éste de la belleza y gracia de la pequeña, que el 21 de abril de 1941, la artista firmó su primer contrato: 100$ a la semana por 5 años. El primer salario de su carrera. Ulteriormente, el 5 de enero de 1943 vendría un flamante convenio. Esta vez con la Metro: 300$ a la semana por 7 años.
Tenacidad, esfuerzo y constancia fueron el friso de ingredientes que, tras varias proyecciones secundarias, cobraron título al film que, con 12 años, catapultaría a Elizabeth a la fama: National Velvet (Fuego de Juventud). Con aquel film, quedó de esta suerte insertada ya para siempre en los oropeles del epicentro cinematográfico. Había nacido la niña prodigio; la estrella infantil. Y con ello empezó a degustar el sabor del éxito.
Luego vendrían títulos como: El valor de Lassie o entre otras, Mujercitas, -su último papel adolescente. Tales cintas, anejas a El Padre de la Novia, Un Lugar en el Sol, Ivanhoe o La Última vez que vi París forjaron el talismán de lo que luego devendría su gloriosa carrera.Acontinuación, en los cincuenta, los réditos de films como Gigante consolidarían la cima de su fama. Su profesión estaba en pleno apogeo, al igual que su glamour, popularidad y caché embolsado, pues éste transitó de 3.500 $ semanales de 1946 a los 5.000 $ en 1952.
No gozó pareja fortuna su adolescencia, pues el compás y guión de Hollywood imponían el corsé del producto - estrella en detrimento de los anhelos personales. Como corolario, Liz pasó de niña a mujer, sin apenas vivir. Había nacido una estrella con carácter, se decía y ciertamente lo era. Si bien la meca del cine secuestró su juventud, su temperamento se manifestó contra el Star-System, cuando éste pretendió convertirla en un producto más. A diferencia de otras estrellas juveniles, no se amedrentró ante las implacables y despóticas imposiciones del Presidente de la MGM, L. B. Mayer, pues no vaciló en enviarlo al diablo. De esta suerte, se protegió de desdichas, pero el perfeccionismo, sobreprotección y mimo imbuidos por su madre Sara, dejarían una honda huella en ella. Huelga decir, que ésta marcaría su vida en forma de alta e ineluctable dependencia emocional. Las contrariedades cotidianas derivadas de tal hiperproteccionismo materno quedarían reflejadas en boca de la propia actriz: “Casi todos mis problemas empezaron porque tuve un cuerpo de mujer y las emociones de una niña(4).
Al miedo al fracaso y a la soledad, se uniría su nula tolerancia a la frustración cuando sus retos se vieran truncados; así como, cierta vena autodestructiva visible en su vida conyugal.
Por otro lado, películas como: La Gata sobre el Tejado de Zinc, De Repente el Último Verano, y El Árbol de la Vida, le valieron merecidas nominaciones al Oscar. Después de superar una meningitis que la situaría al borde de la muerte, la Academia no dio la espalda a sus esfuerzos y en la ceremonia de 1960 le dio su primer Oscar por su interpretación en La Mujer Marcada(Butterfield 8); la siguiente satisfación vendría seis años más tarde, en 1966, por: ¿Quién Teme a Virginia Woolf ?
En efecto, los sesenta fueron su etapa de plenitud. Era icono de belleza, del séptimo arte y del escándalo. Su currículum matrimonial llegó a crecer tanto como sus honorarios semanales; pues pasó de embolsar 100$ semanales en los cuarenta, a acaudalar 1 millón de dólares en los sesenta. Una cifra astronómica por aquellos tiempos; lo que le valió el título, entre otros(5), de ser la primera actriz mejor pagada de Hollywood. El inicio de la grabación de Cleopatra, colmó de entusiasmo a la prensa rosa, pues el romance con su partenaire,el actor Richard Burton, había traspasado las pantallas y con la reina del Nilo llegó el escándalo; su amor con Burton ocupó las portadas del sensacionalismo. El Vaticano clamó el grito al cielo, empero nada torpedeaba su imagen, pues el fulgor del astro siguió irradiando, si cabe aún más.
Los Burton compartían hogar y películas, diez en total. Su éxito como pareja era amortizado astutamente por las grandes productoras, pero el declive aterrizó pronto y su carácter temperamental e impaciente no lo soportó.
Al igual que su padre Francis, se dejó llevar por el alcohol. El conflicto matrimonial crecía, al igual que su pasión por las joyas y ello la conduciría a la depresión. Los setenta fueron una etapa insulsa y de deseperación, sus películas ya no entusiasmaban al público; si bien mucho menos que aquel lejano Gigante. Mientras su espiral de dependencia a los fármacos y al alcohol crecía, además de su peso, su carrera y su matrimonio iniciaban un descenso sin freno. Al divorcio con Burton, le siguió una reconciliación y boda posterior, que entraría en fracaso al año siguiente.
En el colofón de los setenta, había perdido su autoestima; había tocado fondo y su carrera se hallaba del todo desnortada. El ingreso en la clínica Betty Ford de Los Ángeles fue la luz que brollaría del sombrío túnel el cual se había tornado su carrera.
Una terapia de grupo y un severísimo régimen de comidas la transformó por completo. Allí se desintoxicó del alcohol. Más esbelta y bella que nunca, reaparició a mediados de los 80 en numerosos actos públicos, cuando no, en festivales de cine.
Había salido se su letargo para renacer de sus cenizas, cuando de modo súbito, moría su íntimo amigo el actor Rock Hudson, víctima del sida, una enfermedad desconocida por entonces.
El profundo sentimiento de amistad que le unía al protagonista de Gigante, le impulsó a tomar parte, en 1985, en la creación de la fundación AMFAR, institución destinada a la investigación y a la lucha contra el sida. Hasta la actualidad, 325$ millones son los colectados y más de 340$ los invertidos en su erradicación.
He aquí el lado más desconocido, recóndito e íntimo, a la par que extraño para el gran público: su humanidad. Lealtad, bondad y compasión por los más desfavorecidos, fueron su cariz más altruista y magnánimo.
Así lo atestigua la relación de amistad con sus colegas de la pantalla y las actividades caritativas que a la postre dedicó, con o exenta de salud, el resto de su existencia. A la lucha contra el sida, se sumó la recaudación anual contra la diabetes o el cáncer. Resulta irónico a la vez que generoso, contemplar como alguien, víctima de incontables enfermedades, dedicara su vida a curar al prógimo.
Sus postreros años de vida los pasó en hibernación debido a la osteoporosis. Recluida en silla de ruedas en su mansión de Bel-Air de Los Ángeles, desde entonces exiguas fueron sus últimas apariciones públicas. Los rumores sobre su posible novena boda fueron disipados por ella con un ¡Noooo! rotundo. Sus últimas declaraciones manifiestaban no temer a la muerte, pues su única prioridad fueron los negocios caritativos, por los cuales declaró: “Es una tradición y un deber vencer al VIH-sida, hasta que la vida me lo permita(6).

Un 23 de marzo de 2011, una insuficiencia cardíaca congestiva apagó para siempre el mito de mirada violeta.

Tras su deceso, un aguacero de declaraciones del mundo del cine y del espectáculo llovió sobre la prensa: “Es el final de una época, no era sólo su belleza o su estrellato, era su humanitarismo. Puso una cara sobre el VIH-SIDA”, gritó Barbra Streisand. “Era una estrella de verdad, poseía belleza, notoriedad, talento; además era un amiga que siempre estaba ahí”, decía Liza Minnelli. “Fue una de las más grandes actrices de Hollywood. Su muerte será llorada por todo el mundo”, apostilló Julie Andrews. “No sé qué resulta más impresionante, si su magnitud como estrella o su calidad como amiga. Su talento para la amistad era tremendo. La echaré de menos toda mi vida y más allá”, añadió Shirley MacLaine(7).
Y es que como expresó la gran MacLaine, esta gran estrella, actriz, mujer, inmortal mito demostró no sólo ser una leyenda del séptimo arte, imperecedera en el fluir del celuloide, sinó que su estela artística se agigantó aún más a merced de su sensibilidad humana. Sensibilidad ésta, patente en sus palabras inmortalizadas en la red social de Twitter; portal por el que profesó, en sus postreras añadas, gran aficción: “Dar. Acordaros siempre de dar. Eso os hará grandes”, “Todo lo mejor que uno puede hacer en esta vida es ayudar para que este mundo sea un lugar mejor para todos(8).
Como colofón, Elizabeth Taylor devino arquetipo de un vida galvanizada de riqueza, talento y glamour, sí; empero también de altruismo, determinación y compasión, cultivada hasta el final de su latido existencial.

Carlos Pastor González

Cronología:

-1932: Nace un 27 de febrero en Londres. Su padre era un tratante de arte y su madre una actriz de teatro, volcada en el éxito de su hija.
-1939: Parte a los EE.UU con su familia. En el viaje ve el film “La Princesita”, de Shirley Temple. Su sueño: ser actriz.
-1944: Se manifiesta como “niña prodigio” dentro del séptimo arte. El éxito de “Fuego de Juventud” la catapulta a la fama.
-1957: Celebra su 4º boda con Mike Todd, quien fallecería un año después en un trágico accidente aéreo; se convierte en la viuda de América.
-1959: Obtiene un Globo de Oro por su papel en: “De repente el Último Verano”.
-1960: Se le manifiesta una meningitis, que la enfrenta a la muerte. En el hospital, le practican una traqueotomía. Después, recibe su 1er Oscar por: “Butterfield 8”.
-1964: Celebra su 5a boda, ésta vez, con Richard Burton; a quien lo definiría como el amor de su vida. Se separarían en 1974, para volver a casarse en 1975, divorciándose de nuevo al año siguiente.
-1966: La Academia de Hollywood le concede su 2º Oscar por su interpretación en: “¿Quién Teme a Virginia Woolf?
-1983: Ingresa en la Clínica Betty Ford de Los Ángeles, donde supera su adicción al alcohol y a los fármacos. Ello supone una transición en su vida.
-1991: Celebra su última boda, con Larry Fortensky, los dos celebran la victoria sobre el alcohol.Acaba divorciándose cinco años más tarde.
-2000: La reina de Inglaterra le concede, en Buckingham Palace, la condecoración de Dama del Imperio Británico, el equivalente a Sir.
-2006: Aparición pública en el programa de Larry King, negando los rumores, que la situaban al borde de la muerte. La osteoporosis que padeció la mantuvo en silla de ruedas.

NOTAS:

1. Taraborrelli Randy, J. ( 2006): “Elizabeth”. Pan Books. London.P.14.
2. Taraborrelli Randy, J. ( 2006): “Elizabeth”. Pan Books. London.P. 33.
3. Walker, A. ( 1997): “Elizabeth. The Life of Elizabeth Taylor”. Grove Press. New York. P. 4.
4. O’Shea, J. (2001): “Elizabeth Taylor. A life of Cinema, Sex and Alcohol”.Wezen Edicions. London. P:160.
5. Taraborrelli Randy, J. ( 2006): “Elizabeth”. Pan Books. London. Entre otras distinciones, la estrella gozó que detentar el título de la mujer más bella del mundo. Cuando un periodista, le interpeló acerca que opinaba sobre ello, la Taylor vociferó: “Eso es una tontería. Veo mujeres más bellas que yo, cada día cuando paseo por la calle”. “Es cierto, no es consciente de la belleza que regenta”, dijo su madre Sara. En efecto, la humildad de Elizabeth, en contra de la etiqueta impuesta de diva, ensombreció al mito.
6. Cinemascope.2005
7. Quemedices.diezminutos.es
8. Twitter.com/DAMEELIZABETH

Bibliografía:

-Duncan, P (2008): “Elizabeth Taylor: The Last True Hollywood Diva - Movie Icons”. Taschen GmbH
-Kelley, K( 1981): “Elizabeth Taylor: The Last Star”. Simon & Schuster.
-Kelly, S. (2011): “Elizabeth Taylor: Her Life in Style”.A & C Black Publishers Ltd. London.
-Moix, T(2001): “Mis Inmortales del Cine”. Planeta. Barcelona.
-O’Shea, J.(2001): “Elizabeth Taylor. A life of Cinema, Sex and Alcohol”.Wezen Edicions. London.
-Lloyd, I (2011): “Elizabeth Taylor: Last of the Hollywood Legends”. Andre Deutsch Ltd
-Mann,W(2011): “How to Be a Movie Star: Elizabeth Taylor in Hollywood, 1941-1981” Faber & Faber.
-Sheppard, D. (1974): “Elizabeth. The Life and Career of Elizabeth Taylor”. Doubleday.
-Taraborrelli Randy, J.( 2006): “Elizabeth”. Pan Books. London.
-Walker, A.( 1997): “Elizabeth. The Life of Elizabeth Taylor”. Grove Press. New York.

 

Elizabeth Taylor
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Elizabeth Taylor & Richard Burton
Elizabeth Taylor & Richard Burton
Cleoparta
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Elizabeth Taylor
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janvier - Février 2012  - Elizabeth Taylor

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