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Lo mejor de 2010 (à traduire)


Buried (Enterrado) (2010: 7.0)

La visión positiva: YES, WE CAN!

El actor Ryan Reynolds, encerrado con un solo juguete: un teléfono móvil. Pocas películas hasta la fecha (octubre de 2010), creo yo, han explotado más certeramente el artilugio favorito de los ciudadanos del planeta Tierra. Nuestro héroe encerrado en un ataúd desde el inicio hasta el final (¡spoiler!) de la película, llama y recibe llamadas, recibe y envía fotos, vídeos y mensajes; sólo le faltó hacer un solitario, pero hubiese sido una redundancia. Y, mientras tanto, nuestro protagonista sufre, como todos nosotros cada dos o tres días, por la disminución vertiginosa de la batería del móvil. En su caso, además, la cosa se pone muy fea, pues carece de cargador y de enchufe. Aunque le queda, córcholis, la esperanza: y de eso va la película.
Pero no seamos frívolos: el problema "real" de este tipo llamado Paul Conroy, un camionero norteamericano contratado por el Ejército de su país, es digno de película de terror, pero sin el sangriento show de Saw: este chico está atrapado a dos metros bajo tierra, en posición horizontal y en un espacio oscuro y mínimo, en algún remoto lugar de Iraq; y nadie parece dispuesto a ayudarle. Ya se sabe, además, que en ese país los yanquis no son precisamente bienvenidos. Su secuestro, en todo caso, como se demuestra durante la película, es un mero "delito" de criminales comunes que sólo ansían dinero. No es un preso político, digamos. Y los malos no son terroristas, que nos quede claro.
Rodrigo Cortés, que habrá oído hablar de Edgar Allan Poe, lleva su audaz apuesta hasta sus últimas consecuencias al no permitir a ningún otro personaje en la "acción" mínima que tiene lugar dentro del ataúd, al no introducir "flashbacks" explicativos, al no darnos ninguna introducción descriptiva del asunto. Bien, Cortés, bien. La película es, en este sentido, valiente y, posiblemente, única en su especie. No aburre en ningún instante, y Cortés sabe cómo sacarse de la manga un elemento novedoso cada seis o siete minutos, de manera que el interés del espectador medio no decae hasta el The End.
Así que en este Cortés tenemos a un españolito más realizando cine interesante y competitivo, como suele decirse, gracias a un cine que no parece español (sólo huele a norteamericano) y que puede entenderse y seguirse con emoción en todos los rincones del mundo. Además, al enseñarnos el horroroso drama único e indivisible de un personaje, de un solo individuo con sus problemas, dilemas y sueños, esto nos permite ser conscientes de cómo la vida de una sola persona vale más que cualquier ideología y causa y circunstancia social o movimiento histórico. El terror de Ryan Reynolds en su ataúd es nuestro horror potencial: nada justifica un trato semejante a ningún ser humano. Nada justifica el despertarse vivo en el interior de un ataúd.

Consideraciones menos positivas: UNO DE LOS VUESTROS

Buried es otro producto de un director español cuya ambición ha sido, es y será Hollywood. La película es un compendio de trucos de guión y de tretas melodramáticas y narrativas más que discutibles: esa llamada a la mamá con alzheimer (y con el papá muerto), ese romance más que sugerido, esa serpiente, ese asesinato en directo, esas conversaciones poco probables por teléfono, esa parte final demorada muy en la línea de la doctrina del shock.
El elemento visual tampoco ayuda siempre: los planos cenitales, sobre un tipo que supuestamente está en el interior de un ataúd, son imposibles. Ay, esas ralentizaciones para conseguir efecto de suspense, ¿para qué hacerse el Peckinpah a estas alturas de la película? No se trata de que el cine tenga que ser "realista" en tanto que género, pero un prudente respecto al espacio visual (y cinematográfico) no nos vendría mal para no alienarnos definitivamente del cine y del arte y de la realidad: el espectáculo no es coartada para todo, Rodrigo.
Que un director español sitúe como héroe de su cinta a un ciudadano norteamericano, joven y atractivo, atrapado por la crueldad de unos iraquíes sin aprecio por la vida ajena, es una jugada muy astuta. Sufrimos por un ciudadano norteamericano que, encima, no es soldado, así que no le podemos acusar de invasor o asesino de iraquíes. Vaya treta, Cortés. Pero este héroe sí trabaja para el ejército que ha masacrado durante años un país antes moderadamente próspero, así que es cómplice de la matanza, la ruina y la barbarie, por mucho que sea (vaya treta, Cortés) un proletario que sólo buscarse ganarse la vida.
A los malos de la cinta no los vemos, lo cual los hace más amenazantes; así, la identificación sólo sucede con este estadounidense blanco y guapo, uno de tantos en centenares de obras (Willis en La jungla de cristal, Cruise en La guerra de los mundos, Di Caprio en Origen, etcétera): lo único que quieren es que termine la pesadilla para volver con sus guapos hijitos y con su mujer. Es decir, retornar a la familia, a la patria. El individuo-célula y la familia que lo protege del mundo exterior: como si ese individuo no formara parte de una comunidad, una sociedad, un país, un mundo. Y es un señor que es parte activa (insisto), subalterna si se quiere, pero una pieza más de un mecanismo asesino, un ejército repugnante e invasor. Ejército cuyo fin en las guerras que inicia y fomenta es ir dando salida al tremendo arsenal armamentístico que su país produce, atesora, consume y exporta. Me atrevería a señalar, por tanto, que Encerrado es, en varios sentidos, algo así como un alegato ideológico del liberalismo patriota más de moda: económico, norteamericano, conservador, desatado, ensimismado, egoísta, paternalista, insensible.

UNA CARTA AL DIRECTOR

A propósito de un episodio de Los Simpson, para el que el artista callejero Banksy diseñó una cabecera muy (al parecer) crítica y dura (incluso con la propia cadena que emite la serie), una profesora de literatura afincada en los EEUU (Guadalupe Ruiz Fajardo) llama la atención en El País (sección Cartas al Director, octubre de 2010) sobre "la inutilidad de las artes para hacer algo en contra del poder". Pues "el mismo poder ha terminado por darse cuenta de que es más fácil dejar decir que censurar". A este respecto, puede resultar ilustrativo reconsiderar algunos aspectos que, sobre Buried, he expuesto en las dos secciones previas, donde se vislumbra cómo un mismo hecho, una misma historia, puede interpretarse "políticamente" desde visiones por completo discordantes. Mientras la reflexión y la argumentación estén ausentes, lo demás pasará siempre por el aro. Lo que importa es que haya "excitement": que el espectador no piense y sólo sienta y, así, que un tipo llamado Paul Conroy o Ryan Reynolds se convierta en uno de los nuestros.

FINCHER David (1962 - _)
The Social Network (La red social) (2010: 8.0)


Estoy de acuerdo con casi todo lo que está escribiendo y diciendo sobre La red social, de David Fincher. A modo de muestra representativa:
  1. En su blog de ABC, O. Rodríguez Marchante escribe que The Social Network es "puro David Fincher, una película llena de virtudes cinematográficas, con una narración afilada y certera y con un sentido al tiempo global e íntimo del hombre"  Resaltaría yo también el dominio del "tiempo cinematográfico" que atesora este director: un prodigio equilibrado e implacable de sucesiones de imágenes, secuencias y brillantes diálogos a un ritmo vertiginoso (en la senda de la excelente Zodiac) y con un empaque dramático notable. A veces no daba tiempo ni hay respirar, entre ingenio e ingenio.
  2. En su blog de El Mundo, Arcadi Espada escribe que "la inteligencia de Zuckerberg fue escribir cuatro millones de líneas de código para follar". Rigurosamente cierto. A mí me frustra que pijos universitarios de Harvard dediquen sus neuronas a inventos frívolos e inútiles (no parece que follara mucho más, el susodicho) que no mejoran, "objetivamente", el mundo en que vivimos. Aunque obtengan tanta aceptación, tanto éxito. Dicen que 500 millones de personas tienen perfil en Facebook. Bravo. Es sin duda más popular que el chupa-chups (pero mucho menos que las bombillas, los vaqueros, Google o el teléfono móvil) y los jovencitos que diseñaron el invento (sobre todo el creador "más" original, Jerry Zuckerberg) se han hucho multimillonarios. ¡Otro triunfador, genial! Mucha gente le aplaude sólo por eso. Por el éxito, por el dinero, por la "idea", algo que "a nadie se le había ocurrido". Qué cansino. La ideología liberal-conservadora, fundamentada en la publicidad y el darwinismo económico, ha conquistado los corazones y, lo que es peor, las mentes de una mayoría de la población. Adolescente y adulta: o son lo mismo.
  3. Carlos Boyero, en El País, nos cuenta en un vídeo a propósito del film de Fincher  que no tiene "ni puta idea de lo que están hablando, de eso del Facebook…". Mi caso es parecido, aunque sé un poquito más. Hace tres o cuatro años me hice de Facebook: duré cinco días. Hasta que me llegaron dos o tres mensajes de antiguas amigas extranjeras, que me habían "encontrado". Hotmail me avisó: "Alguien ha escrito en tu muro". ¡Qué misterio! No sabía que tenía un muro. Y yo entraba en el famoso muro de Facebook y el mensaje era algo así como: "Hi Luis, how are you?". O sea, nada de nada. Me quité de Facebook un día después de mandar un mensaje de respuesta a estas chicas, pero las supuestas amigas no volvieron a ponerse en contacto conmigo jamás. ¿Para qué iban a hacerlo? Con su bobo mensaje en el bobo muro sólo habían querido dejar constancia de lo siguiente: "Qué cool, tú también estás en Facebook". Pura filfa narcisista por estar a la última. Por otro lado, a Boyero todos los personajes de la película le parecen "unos abortos". A mí también. Y habla de diálogos "de metralleta" del ingenioso guionista Aaron Sorkin. Sin duda. Sobra ingenio. Lo que falta es, acaso, mayores ganas de aplicar ese ingenio a obras más duras, más críticas, más como puñetazos entre los ojos.

BANKSY (1974 - _)
Exit Through the Gift Shop (Exit Through the Gift Shop) (2010: 8.0)


Exit Through the Gift Shop
es una película sorprendente: dirigida por el (para mí) extraordinario artista callejero Banksy. Al lado de otros figurones del arte contemporáneo (tan abstractos, tan conceptuales, tan subvencionados, tan museísticos), la obra urbana y, cada día que pasa, menos efímera de Banksy supone un salto de cordura, frescura e irreverencia que resulta no sólo enriquecedora sino subversiva, moral.
Exit Through the Gift Shop será cualquier cosa, pero no es ninguna tontería: no podemos, simplemente, despreciarla y echarnos a dormir con la conciencia tranquila. Resulta tan dinámica y ambigua que te deja, como mínimo, despistado, asombrado, pensando que (quizá) esta película signifique un inesperado empujón dentro del campo del documental: ¿pero es un documental o no?
Sin llegar a los extremos de "obra maestra" de J. Costa en El País o de otras críticas igualmente positivas (ver ésta de Cine para leer ), esta especie de semi-documental ficticio (o post-comedia, por utilizar la jerga habitual de Costa; o incluso post-documental) es muy atractivo y divertido, a partir de la reflexión (ágil, rítmica, equívoca) que se hace sobre el arte urbano (graffiti y alrededores), el mundillo del arte, sus galerías, imposturas y exposiciones. Por no hablar también de la ambición y el narcisismo (del que participia el propio Banksy), el universo molesto del famoseo y la propia consideración de "qué significa" hoy día realizar un documental moderno y no morir (o no hacer el ridículo) en el intento.
De una manera extraña me ha recordado Grizzly Man, el fabuloso (a mí me puso la carne de gallina) documental (¿post-documental?) de W. Herzog (a partir de las peripecias rodadas por Timothy Treadwell con unos osos pardos que se lo terminaron comiendo) sobre otro tipo infantilizado (en la de Banksy el clown egocéntrico y esquivo es Mr. Brainwash) con ganas de ser alguien en la vida y en el arte: en ambas películas la persona y el personaje se confunden, se fusionan, chocan de maneras fascinantes. Al igual que la ficción y el documental, la verdad y el simulacro, el cine y la vida.


ŽBANIC Jasmila (1974 - _)
Na putu (En el camino) (2010: 7.5)


A la directora bosnia Jasmila Žbanic lo que le interesaba era contar en imágenes una historia actual de amor y dificultades de la manera más diáfana posible.
Poco que objetar, pues: narrar con claridad y sensibilidad es, casi siempre, una meritoria iniciativa, aunque se descarten por el camino aproximaciones más atrevidas, personales e imprevistas. En el camino no es ninguna película idiosincrática, fascinante o especial; sí es, en cambio, una atractiva obra que nace en torno a una pareja de treintañeros que viven en el Sarajevo actual, y crece sobre la evidencia de cómo cambian sus vidas a partir de un encuentro casual (casi todo empieza a partir de un encuentro no planeado): el del protagonista Amar (Leon Lucev) con un antiguo compañero de guerra que es ahora un musulmán fundamentalista.
El "brainwashing" de Amar (a quien, encima, han echado de su empleo como controlador aéreo por sus problemas con el alcohol) comienza de inmediato y, sin prisa pero sin pausa (y tras unos días relajantes en una especie de campamento seudo-hippie donde se enseña doctrina coránica), sus comportamientos evolucionan o, más bien, involucionan (¿es esto relativo?). Se hace más serio y solemne, más casto, taciturno y sereno. Se aparta de sus habituales actitudes frescas, espontáneas y europeas, tales como darle la mano a una chica que te presentan o tomar una cerveza en un bar. Él deja, por tanto, de hacer cosas que, hasta poco antes, habían resultado perfectamente normales en su vida.
Quien sufre todo esto es su novia, la sensata Luna (la excelente actriz Zrinka Cvitesic), que trata primero de comprender qué le está ocurriendo a su chico, pero va poco a poco hartándose de una transformación que no los hace más felices sino más aburridos y ensimismados y, por qué no decirlo, "radicales". Luna es la verdadera protagonista de este drama coproducido por varios países europeos. Luna, que trabaja como azafata en una compañía aérea y que disfruta saliendo por las noches, bailando, grabando con el móvil el rostro de su novio o manteniendo relaciones sexuales con él (prácticas poco raras, en fin), se ve obligada a un proceso paciente de espera y adaptación al nuevo "ser" de Amar. Luna quiere salvar la relación, nada más lógico, porque está enamorada de él (y por sus ganas de concebir un hijo), mientras que él descubre que lo primero es amar a Alá y el resto es secundario. Vaya por Dios, pobre Luna. El problema es evidente: se enfrenta un universo fresco, occidental, competente, integrado y joven con el universo cerrado, estricto, anticuado, intolerante y ceremonioso de un extremista religioso (no necesariamente violento, aclaro).
En el camino me recuerda un cierto tipo de cine de los últimos años que, como la rumana Francesca (Paunescu), la alemana Entre nosotros (Ade), la americana Frozen River (Hunt), la iraní A propósito de Elly, o incluso la austríaca Import/ Export o la británica Fish Tank (Arnold), es protagonizado por mujeres jóvenes, guapas y carismáticas que han de hacer frente a prejuicios sociales, ortodoxos y masculinos. Mujeres que aprenden a hacerse fuertes. Mujeres con más dedos de frente que sus parejas del otro sexo reales o potenciales. Mujeres en guerra (como Maruja Torres) anti-belicista que se esfuerzan por salir del atolladero personal, profesional o sentimental en el que se hallan metidas (y no por culpa suya).
En este sentido, En el camino, definida "a la antigua" pero de manera comprensiva por Alicia Albaladejo (Cahiers du cinéma España, noviembre de 2010) como "austera en la forma" y "valiente en el contenido" (¡si te oyera Godard, Alicia!), es una obra abierta, útil, bien interpretada, a ratos luminosa. Seguramente sus puntos más flojos provengan, por un lado, de la excesiva contención de la directora, quizá demasiado pendiente de no salirse del elaborado guión. Y, por otro, de cierta vocación (creo yo que fundamentada en cierto complejo de inferioridad) propagandística sobre la apertura occidental, moderna, liberal y "cool" (con sus contradicciones, altibajos, etc.) de otro país de la antigua Europa (digamos) no occidental, en este caso Bosnia-Herzegovina.
Uno pensaría que, como el rumano Paunescu y su construcción del personaje femenino de Francesca, la bosnia Žbanic también busca establecer una especie de vínculo simbólico entre las ansias de progreso económico, libertad social, autonomía sexual, liberación personal e igualdad real de una chica guapa y trabajadora de Sarajevo y el alma democrática, dinámica y moderna de todo un país. Luna, en suma, como símbolo autóctono y optimista de una Bosnia que querría ser aún más cosmopolita, floreciente y divertida pero que, todavía, se aferra en demasía a un pasado violento, extremista, religioso, rígido y tradicional. Y, desde luego, masculino.

KIAROSTAMI Abbas (1940 - _)
Copie conforme (Copia certificada) (2010: 8.0)


En su interesante blog de cine en el diario El Mundo, Jonás Trueba utiliza una metáfora esclarecedora sobre Copia certificada, la última (a finales de 2010) del iraní Abbas Kiarostami, uno de los pocos cineastas "clásicos" del cine contemporáneo. Escribe Trueba: "Kiarostami ha vuelto haciendo un salto con pértiga para batir su propio récord mundial".
El pertiguista utiliza su instrumento especializado para superar un listón, colocado a varios metros de altura con el fin de ser rebasado tras un breve vuelo; así, el que lo consigue puede legalmente aventurarse a saltar por encima de un listón aún más elevado, intentando rebasar la nueva marca por afán de superación y para tentar la admiración de los boquiabiertos espectadores. El símil deportivo sin duda funciona pero aplicado al séptimo arte crea inconvenientes.
Uno de ellos sería: ¿Busca Kiarostami superar marcas previas? ¿Es el iraní consciente de esta práctica competitiva? ¿Aspira el gran Abbas a la inmortalidad del récord del mundo? ¿Sería un logro objetivo, algo medible?
Y otro podría formularse así: ¿qué necesidad tendría el autor de El viento nos llevará de utilizar una pértiga, disparándose hacia arriba, en progresión vertical, esquivando así la línea horizontal de la tierra firme, el suelo sobre el que pisa?
Así, asistiríamos en Copia certificada a la brillante ilustración de un Kiarostami más conceptual, aquel que perseguiría elaborar una teoría sobre el amor a partir de una trama sencilla pero difusa, a caballo entre la improvisación del "a ver qué pasa" y el guión urdido sobre los cimientos (como muchos críticos han mencionado) de Rossellini en su Viaggio in Italia. Yo prefiero ver y pensar Copia certificada, en todo caso, como un "remake" adulto, sereno y posmoderno de Masculino/ Femenino de Godard. Menos fresco y combatiente; más plácido e incierto.
Porque la pértiga de Certified Copy supone justo eso: dejar a las personas de carne y hueso en tierra, alejarse de su Irán natal y sus actores semi-profesionales, olvidarse un poquito de preocupaciones previas (no de todas: la "representación" siempre ha sido un asunto explorado y vital en Kiarostami)… En suma, saltar al mundo de las ideas meta-cinematográficas a lomos de unos actores que no saben muy bien hacia dónde se dirigen, pero que sí se saben a las órdenes de uno de los más grandes directores de cine del planeta Tierra. Y esa certeza no sólo justifica su labor, sino que les da alas, entusiasmos, confianza en lo que están haciendo.
Porque la pértiga implica, en Copie conforme, partir de un original y elevarse en pos de la copia perfecta, la copia con sello de autenticidad. Así, la película puede y debe dar lugar a discusiones fascinantes a posteriori, y ese es su valor principal. El arte (el cine) como simulacro de la vida. El trabajo del actor como copia imitativa de las vidas y opiniones de las personas reales. El amor largo en pareja como simulacro o actuación prolongada de un flechazo momentáneo, o consecuencia de una rutina certificada y conforme.
Pareciéndome una película que surge de un impulso feliz y arrebatadoramente reflexivo y que incluye varios momentos asombrosos (Binoche en el espejo; Binoche llorando; Binoche maquillándose; Binoche y Schimell hablando con la otra pareja; Binoche ante los recién casados, que le piden que se una a su fiesta, etc.), no consigo que Copia certificada me llene como lo habría hecho, posiblemente, de no haber hecho uso de esa filosófica pértiga en su rastreo ambicioso y sugerente de absolutos universales (tan relativos). Aunque seguramente esto sea normal: Copia conforme no fue hecha para "llenar" nada, sino que se diseñó como sabroso y sutil "delicatessen" con el fin de provocar más hambre de cine y más sed de estimulantes ideas. Y esto es, justamente, lo que conforma la interminable post-película: nuestros pensamientos, sentimientos, amaneramientos y debates una vez que la obra ha finalizado. Nuestra sed de conocimiento y obras maestras, nuestra hambre de verdades y belleza.
El final, necesariamente abierto, rutilante, interpretable y estupendo, abandona a la pareja en una habitación italiana y rural. Ella, en el baño, oye las campanas de la iglesia del pueblo. ¿Epifanía de qué tipo? Él está en el dormitorio, cansado, meditabundo, abrumado. Pero, como diría el propio Kiarostami... Y la vida continúa…
…Porque yo añadiría que Schimell, en ese momento y lugar, justo cuando Binoche retorna a la habitación, cuando la película se quiere terminar y estamos a punto de abandonar la sala, se está dando cuenta de su extravagante situación. ¡La epifanía es la suya, no la de Juliette! Porque, vamos a ver: ¿qué hace un británico académico, soso y sin carisma como este buen hombre mostrándose sarcástico, a la defensiva e imperturbable ante los avances sexuales, la inteligente belleza, la intensidad emocional y la necesidad de amar (In the Mood for Love, en suma) de esa preciosa y dispuesta francesa llamada Juliette Binoche? ¿Cuándo se va a encontrar, un tipo así, en otra igual?

Luis Serrano Fernández
Buried
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Exit Through the Gift Shop
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Na putu
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